miércoles, 26 de junio de 2013

Los Beneficios de la Risa

Aunque pueda parecer difícil de creer, la risa produce efectos beneficiosos sobre la salud, por muchas razones.
La risa, sobre todo las grandes carcajadas, puede quemar calorías debido a que una risa mueve muchos músculos, cosa que ayuda contra la obesidad, aunque no son estos sus principales beneficios.  Cuando nos reímos, el cerebro hace que nuestro cuerpo segregue endorfinas, que son sedantes naturales del cerebro similares a la morfina.

Los músculos se relajan, se alivia el estrés, se segrega adrenalina, baja la presión arterial, inmuniza como la depresión y todo tu cuerpo se siente mejor, todo esto sólo con la práctica de la risa, que muchas veces es sólo un gesto espontáneo. Además, previene de enfermedades del corazón y contra tumores.

Reírse también protege de las enfermedades respiratorias, reduce los resfriados, y mejora la memoria, aprendizaje y creatividad.

Parece difícil creer que sólo con reírnos podemos dar tantos beneficios a nuestro cuerpo, pero es así, por eso la risa es grata, por eso cuando lo pasamos bien nos reímos. Nuestro cuerpo sabe lo que quiere y nuestro cuerpo quiere la risa

Son tales las ventajas de la risa que muchas empresas se dedican a terapias de la risa “La Risoterapia”, tratamiento que cada vez tiene más adeptos.

Sabiendo todo eso ¿Por qué no nos reímos más? Es gratis y reconfortante, y además es bueno para tu salud. Empieza tu día con una sonrisa y llénalo de risas cada día.
 
Tomado de Fundación Convalores

MALEDICENCIA Y DETRACCION



Existe una cierta similitud entre ambos términos ya que el primero, maledicencia, es la acción o el hábito de denigrar o maldecir, mientras que el segundo término, detracción, significa infamar o denigrar la honra ajena.
La maledicencia es siempre la difamación o el hablar mal de una persona, pero si ello conduce al robo de la fama de dicha persona, el término es el de detracción. Por medio de la detracción se extrae la fama de la persona de la cual hemos hablado, con malicia o sin ella. Toda persona tiene el derecho de que se le respete su honor y su fama, pues ello forma parte de su patrimonio humano.
Cualquier forma de hablar mal de alguien es siempre faltar al respeto y al amor al prójimo, sin importar cómo le califiquemos y cómo tratemos de justificarle. Hablar mal de alguien, aunque sea verdad lo que se dice de él, siempre representa mermar la fama de la persona de la que hablamos, y ello constituye un robo cuya posterior reparación es prácticamente imposible.
La maledicencia y la calumnia destruyen la reputación y el honor del prójimo. Ahora bien, el honor es el testimonio social dado a la dignidad humana y cada uno posee un derecho natural al honor de su nombre, a su reputación y a su respeto. Así, la maledicencia y la calumnia lesionan las virtudes de la justicia y de la caridad.
                                                                                                         (Numerales 2477 y 2479)
“El que murmura y el que escucha la murmuración tienen en sí al demonio, uno en la lengua y el otro en el oído”.
(San Bernardo de Claraval)
Maledicencia es el hecho de hablar mal de una persona o de varias. Puede ser maledicencia simple o compuesta, según exista la verdad o la mentira en lo que se dice, lo cual no justifica en ningún caso la maledicencia, aún cuando algunos traten de justificarla calificándola como crítica constructiva.
La maledicencia, juntamente con la difamación y la calumnia, destruyen la fama de nuestro prójimo. Ambas figuras son consecuencia de la antipatía, la animadversión o la enemistad, que son las que nos conducen a hablar mal de alguien, difamarlo o calumniarlo. .
El daño causado por la maledicencia es muy difícil de reparar. No siempre nos damos cuenta del perjuicio que con ella se causa a la otra persona. Se agravia, se ofende y se calumnia sin cuidar en absoluto las palabras pronunciadas. Y si preguntamos al que formula la crítica de dónde ha obtenido esas expresiones, de seguro nos responderá que se lo contó un amigo, o que lo escuchó en una reunión, o que se lo dijeron. En muchos casos la maledicencia se basa en afirmaciones sin sentido, pero una vez que han sido pronunciadas, causan un daño de difícil restauración.
La maledicencia, la calumnia y la crítica son propias de sociedades poco evolucionadas espiritualmente, y es la falta de ética lo que hace que nos ocupemos más de la vida de los demás que de la propia. Hay personas que se pasan horas hablando o murmurando acerca de otras personas y, muchas veces, sin darse cuenta del error que están cometiendo. Pero otras veces el error es premeditado.
Se sabe que el rasgo principal de la crítica, a la que muchos la denominan vulgarmente chisme, es la mentira o la verdad dichas a medias, siendo la parte más importante el infundio y la calumnia.
Si queremos vivir una vida más significativa debemos buscar la forma de dejar de interesarnos en las vidas ajenas, y comenzar a preocuparnos más por nuestras propias vidas; es decir, dedicarnos a mejorar y a corregir nuestros propios defectos.
“No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados, perdonad y seréis perdonados. Porque con la medida con que midáis se os medirá”                                                                                              (Lucas 6:37-38)
Fragmentos del artículo Maledicencia y  Detracción

lunes, 24 de junio de 2013

Paciencia

Actualmente, nuestras vidas se desarrollan a un ritmo acelerado. A tal punto que todo pasa por hacer y llegar con prisa, también para resolver nuestros asuntos personales y del trabajo, surgiendo muchas veces roces con personas que a lo mejor pudiéramos evitar.
 Lo que ocurre es que todo lo que queremos tiene que ser “ya”, ocasionando que nuestra vida cotidiana no tenga sensatez y uno sea menos amable hacia los demás. Tal es así, que todos estamos inmersos en una época denominada “prisa”. Aquí debemos detenernos y pensar un poco sobre el valor de la paciencia, ya que sino nos sentiremos cada vez más molestos con esa carrera que llevamos, y que es nuestra propia vida, y que es única. 
 Por lo tanto, podemos definir a la paciencia como el valor que nos hace como personas: tolerar, comprender, padecer y soportar los contratiempos y las advertencias con fortaleza y por ende sin lamentos; esto es posible porque uno aprende a actuar acorde a cada circunstancia, moderando las palabras y la conducta en esos momentos.
 De igual manera no debemos confundir lo que se llama indiferencia e insensibilidad con las actitudes de paciencia. Esto siempre ocurre cuando nos encontramos con personas que a nuestro criterio son molestas y fastidiosas, y escuchamos aparentando tener una actitud paciente y efectivamente lo que buscamos es evadir de esa situación lo más rápido posible. Y obviamente tratando de que no se den cuenta, para no herir sus sentimientos.
 Por otra parte, el no detenerse a considerar las posibilidades reales de éxito, tiempo y esfuerzo que se necesitan para alcanzar un determinado fin, es el principal obstáculo del desarrollo de este valor y se denomina impaciencia.  Tal es así, que uno debe moderarse y entender de nuestros alcances para evitar cargarse de demasiados compromisos que posiblemente no los podrán efectuar.
 Por ejemplo, el ahorrar puede ser una forma de medir nuestra paciencia, pero si quitamos de vista nuestro objetivo, nuestra meta será cada vez más inalcanzable y lejana. O bien la paciencia para educar a nuestros hijos, ya que son más traviesos de lo que uno muchas veces se espera, pero el verdadero reto es tener la habilidad para educarlos tolerantemente y de la mejor manera posible. 
Sin embargo, podríamos decir que el hecho de soportar y tolerar las contrariedades más inesperadas, también constituyen retos, aunque de menor importancia pero que hacen al desarrollo de la paciencia. Tal es el caso de sobrellevar inclemencias del tiempo, ser comprensivos en la realización de tareas junto a otras personas, ante la falta de sus experiencias, conocimientos para realizarlas efectivamente, entre otras. Si en cualquiera de ellos nos obsesionamos, el resultado puede ser totalmente el opuesto al deseado, por lo que se recomienda ser pacientes, ya que ella nos enseña la manera por la cual debemos hacer las cosas.

domingo, 23 de junio de 2013

La Sensibilidad

Ser sensible a las necesidades emocionales de los otros es una característica de personalidad positiva, en la medida que permite empatizar con los sentimientos ajenos y tener una vinculación profunda con las otras personas.
Vivir es un asunto complejo, lleno de matices.
"Toda vida humana se compone de luces y sombras, felicidad y tristeza, estímulos negativos y positivos, debilidades y fortalezas, etc." y es necesario ser capaz de sintonizarse en todas las frecuencias emocionales.

Todos los días las noticias nos informan sobre grandes y diversos avances tecnológicos, económicos, etc.
Como también sobre situaciones precarias que vive el hombre. Cabe entonces preguntarnos: ¿Cómo nos llegan ambas informaciones?, ¿Cuál información despierta más nuestro interés?, ¿Qué tipo de sensibilidad tenemos?
El punto es tener claro que manejarnos a partir de una perspectiva egocéntrica, es decir, centrada en lo que "yo quiero", "yo necesito", "a mi me gusta", etc. Si bien, es cierto que nos orienta a encontrar un lugar, un camino, una felicidad en la vida, no nos ayuda a desarrollarnos completamente en la vida y constituye un punto ciego en nuestra personalidad.
Hay muchas maneras de expresar la sensibilidad, quizás la receta está en entender que "convivir con personas insensibles" dificulta nuestras relaciones armónicas.
La sociedad de consumo se sustenta en la creación de más y más necesidades y, con ello, de ansiedades por poseer, nos tiene convencidos de que necesitamos cosas cada vez más refinadas, la idea sería, entonces, entrar en sintonía con la que de verdad nos da plenitud y es ahí cuando compartir y preocuparse, generar ayuda emocional, nos reorienta con nuestro crecimiento personal y permite darnos cuenta que las otras personas también tienen necesidades y que a través de la sensibilidad podemos lograr desarrollarnos como persona de manera más completa.
Es claro, que no podemos pasar la vida dando solución a todos los problemas de los demás y que es difícil y cansador estar siempre en una actitud de "contener" a
los demás, pero vivir con una actitud de indiferencia finalmente nos lleva a una vida quizás igual de cansadora.

Sin duda, el término sensibilidad se registra como la capacidad de sentir y es eso lo que no se debe olvidar no sólo para ayudar a otros sino, también para ayudarnos a nosotros a mejorar
nuestras actitudes egoístas, desconsideradas y personalistas que finalmente empobrecen nuestra calidad de ser humano.
Neva Milicic, psicóloga
 
 

sábado, 22 de junio de 2013

MENSAJES TRASCENDENTALES E IMPERECEDEROS

Asimismo, al realizar actos de justicia aprendemos a ser justos, al practicar la autodisciplina aprendemos a ser autodisciplinados, y al realizar actos de valentía aprendemos a ser valientes”. (Aristóteles)
Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos. (Lucas 6:31)
“Hemos sido llamados al concierto de este mundo para tocar de la mejor manera posible nuestro instrumento”. (Rabindranath Tagore)

“Hay otros mundos pero están en éste”. (Paul Éluard)

“Lo más incomprensible del mundo es que sea comprensible”. (Albert Einstein)

“Nada en el mundo es insignificante”. (Friedrich von Schiller)

“No hemos nacido solamente para nosotros”. (Cicerón)
“Con la concordia crece lo más pequeño; con la discordia se arruina lo más grande”. (Salustio)

Damos gracias a Carlos Félix por
su compilación de pensamientos célebres
 

miércoles, 19 de junio de 2013

LA FORTALEZA



Una de las cuatro virtudes cardinales, que consiste en vencer el temor y huir de la temeridad. Natural defensa que tiene un lugar o puesto por su misma situación.
La fortaleza es la capacidad que nos permite mantenernos fieles a nuestras convicciones y hacerles frente con firmeza y energía a las diferentes situaciones con que nos encontramos en la vida. Los que son fuertes no se dejan tentar por las cosas que no les conviene o no son buenas para ellos o para otros, así se les presenten bajo la forma más atractiva y seductora.
Gracias a la fortaleza aprendemos también a resistir la adversidad, las enfermedades y el dolor en sus distintas formas y a luchar contra ellos sin amargura, poniendo todo de nuestra parte, seguros de que vamos a salir adelante.

PARA SER FUERTES...

• Si pasamos por un mal momento, evitemos dejarnos arrastrar por el pesimismo o el desánimo. Recordemos que los sentimientos negativos no son buenos consejeros.
• No cerremos los ojos frente a nuestras propias debilidades. Aceptémoslas tal como son, con honestidad. Solo así podremos controlarlas.

BALDER EL HERMOSO

Esta historia tuvo lugar en la ciudad fortificada de Carcassonne, en el sur de Francia, durante el tiempo al que le sometieron los soldados del emperador Carlomagno, en la Edad Media. El sitio llevaba varios meses atacado por los invasores y los habitantes la estaban pasando muy mal. Los pocos defensores que tenía en ese momento la ciudad estaban completamente extenuados y escasos de municiones, y el hambre se sentía con más fuerza.
Daba tristeza ver a los niños llorando por falta de un pedazo de pan o un poco de agua, y a sus padres desesperados por conseguirlos mientras se arreglaban para esquivar como podían las flechas encendidas que lanzaban los atacantes y que caían envueltas en llamas en las calles o iban a dar a los techos de sus casas, amenazando incendiarlas. La situación era en extremo difícil, pero los habitantes no estaban dispuestos a entregarse.
En sus corazones alentaba todavía la esperanza de que el ejército regresara a tiempo del servicio militar que estaba prestando en otra provincia y echara a los invasores , quienes habían aprovechado su ausencia para apoderarse de la ciudad.
Los invasores por su parte, también tenían sus problemas.
Las armas con que contaban carecían del poder suficiente para atravesar las gruesas murallas que protegían la ciudad. Sus soldados también estaban hambrientos y fatigados, y la gran capacidad de resistencia demostrada por sus enemigos empezaba a desanimarlos.
La situación se resolvió gracias a la audacia de una mujer, la dama de Carcas quien tenía a su cuidado el último cerdo guisado que quedaba en toda la ciudad.
Dando muestras de una fortaleza y un valor admirable, se dirigió a lo alto de las murallas y lanzó el animal hacia donde estaba el ejercito invasor. Los atacantes, al ver esto, concluyeron que en Carcassonne había todavía mucha comida y no valía la pena continuar con en el sitio.
Fue así como, agotados y a punto de morir de hambre, los carcasonienses derrotaron a los poderosos soldados del emperador Carlomagno.

sábado, 15 de junio de 2013

Todos merecemos respeto

A todos nos gusta ser bien tratados, que se respeten nuestras necesidades y, en el caso de nuestra familia, que nos quieran incondicionalmente. 

Y aunque no lo pensemos con mucha claridad, solemos creer que si tratamos así a los demás, merecemos recibir “a cambio” el mismo tratamiento… como si se tratara de un acuerdo universalmente aceptado. Pero nos duele ver que con frecuencia los demás no respetan este “acuerdo”.

El acuerdo que los demás sí cumplen, casi sin excepciones, es el de tratarnos tal como nos tratamos a nosotros mismos, mostrándonos como en un espejo las actitudes que tenemos hacia nosotros y las creencias que adoptamos respecto de nuestro propio valor.

La vida te trata tal y como tú te tratas a ti mismo.

Louise L. Hay.