sábado, 28 de diciembre de 2013

El Coraje

El coraje consiste en saber qué es lo que se debe temer.
Lo contrario del coraje es la temeridad, que algunos la confunden con la falta de miedo.
El coraje en las personas bien formadas, sale a relucir frente a las injusticias.
Realizando actos de valentía, nos volvemos valientes y cuanto más valientes somos, más capacidad de resistencia poseeremos.
La razón sirve para actuar con inteligencia, ante situaciones desafiantes.
Forma de practicarla
Debemos fomentar también este valor, pues nos  ayudará a sacar fuerzas de las flaquezas.
Nos enseñará a luchar fuerte, en lo que consideramos retos de estudios, trabajos o relaciones.
Habrá cosas que las haremos en función de un reto, que nosotros mismos nos propongamos.
Dominaremos  el miedo al ridículo, seremos valientes en defensa de los demás, incluso hablando por los que no tienen voz.
Debemos  acompañar a otros que estén en circunstancias difíciles. Esto permitirá que los jóvenes adquieran coraje y aprendan a manejar su confianza y su temores, aprendiendo también a distinguir que es lo correcto, incluso dominando su voluntad.

Feliz 2014




cid:image001.jpg@01CEEEB9.3BE0C5F0
Señor! 
Quisiera
enestaNavidad,
armarunárboly enel
colgar, en vezdeglobos, los
nombres   de   todos  mis   amigos.
Losamigosdelejos, decercalosantiguos
 losmásrecientes.       Los  queveocadadíay los
que  raramenteencuentroLossiemprerecordadosy
losqueàvecesestánmedioolvidadosLosconstantesy los
intermitentes.       Enlashorasdifíciles y losdelashorasalegres.

Los que,    sin querer,    losdañe,    o   sin   querer   me   dañaron.
Aquellos a quienesconozcoprofundamente y aquellos a quienesconozco
apenasenaparienciaLosquepocomedeben y aquellos aquienesmuchodebo.

Misamigoshumildes, misamigosimportantes; losnombresdetodoslos que yapasaron  por mivida
Unárbolderaícesmuyprofundasparaque  sus nombres  nuncaseanarrancados  de  micorazón.          De
cid:image002.png@01CEEEB9.3BE0C5F0
ramasmuyextensasparaquelosnuevos nombres venidosdetodaslaspartesvengan a juntase a losyaexistentes.
Un     árbol
de sombras muy
agradables
   para
quenuestraamistad
sea  un  momento de
reposo en luchas de lavida.
Que en Navidadestévivo en cadadíadelAño que
seinicia,  para que podamosjuntosvivir el amor !!

                                     En 2014 mucha salud, paz, armonía y alegrías para todos !!!

viernes, 27 de diciembre de 2013

La humildad

La humildad se puede definir como "conocer nuestras propias debilidades y limitaciones y actuar en consencuencia". Humildad también es aceptar que no somos perfectos, que somos humanos, capaces de cometer errores, y que vinimos a esta tierra a aprender de ellos, y de muchas otras fuentes. Debemos tener presente que no existe diferencia alguna en nosotros y que nadie es mejor que nadie, sino que cada quien tiene su valor, y todos tenemos nuestros aportes importantes que realizar.
 
A la ausencia de humildad, muchos llaman soberbia, prepotencia o arrogancia. Lo interesante sería descubrir que es lo que provoca que el ser humano incurra en semejantes anti-valores, para detrimento suyo y de quienes lo rodean. Una posición social adinerada? Un aspecto físico atractivo? Un intelecto envidiable para los demás?
 
Ninguno de estos aspectos tiene la suficiente validez para justificar semejante conducta. Nadie tiene el derecho de actuar con soberbia, pisoteando a los demás, haciéndoles sentir inferiores, o que ellos son mejores que nadie, con su ego inflado y sus ínfulas de super héroe de quinta categoría que ellos mismos se han otorgado.
 
¿Que sucede cuando estamos en contacto con gente sencilla y de actitud humilde? Nos sentimos tan bien que queremos tener contacto frecuente con esa persona, conversar animadamente, conocerla mejor, establecer una amistad sincera.
 
Caso contrario ocurre con las personas arrogantes y soberbias, con las que nadie quiere juntarse, a menos que sean personas de su misma especie, ya que solo así se pueden soportar.
 
Para mí, las personas carentes de humildad y autoconocimiento son como una enfermedad contagiosa a la que le quiero andar de lejos, y si por obligación debo acercarme, hacerlo con elementos protectores para que no se me pegue.
 
Que no se nos olvide que todo aquello que puede elevar nuestro ego: dinero, poder, belleza, etc. es pasajero, y al final del día a las personas se les recuerda por lo que fueron, no por lo que tuvieron.
 
"Cuando somos grandes en humildad,
estamos más cerca de lo grande."
Rabindranath Tagore

miércoles, 25 de diciembre de 2013

LA INDIFERENCIA

Puesto que de una actitud vital se trata, no es fácil tematizar la indiferencia. El vocablo latino indifferentia es usado en los autores clásicos en acepciones diversas. Entre ellas, la que aquí nos interesa es la que Cicerón remite al griego ádiaforou, indiferente, semejante. Prescindiendo de la alfa privativa, la indagación etimológica nos lleva a los verbos diaforeo y foreo, llevarse y llevar de un lado a otro, los cuales nos remiten de nuevo a la raíz latina de indefferens, que, sin el in privativo, procede de los verbos differo y fero, «llevar de aquí para allá».
En definitiva, en sentido activo, differens viene de differo, el que lleva, el que se atreve a diferir; el prefijo privativo in nos da su sentido pasivo, y así indifferens sería el que es llevado de aquí para allá, arrastrado por su indiferencia a no diferir o a no apreciar la diferencia y la distinción. Esta es la razón por la que, tanto en griego como en latín, la cualidad de la diferencia va asociada a la de distinción, el provecho y la importancia, de tal manera que StátIopou, la /diferencia, es así mismo lo que importa y tiene interés; claro que también es la discordia, el cambio de fortuna, e incluso la catástrofe. Por contra, la indiferencia se asocia a lo común y sin importancia, que se sobrelleva «sin especial sentimiento ni gozo» (Suetonio), pero también a la semejanza, la conveniencia y la conformidad.
Esta aproximación etimológica pone el acento, más que en la cualidad abstracta, en el sujeto u objeto al que se refiere. La indiferencia es la cualidad del indiferente. Y entre las distintas acepciones nos interesan aquellas que expresan falta de interés, de cariño o afecto en la persona a la que se refiere. De esta manera, la indiferencia aparece, ante todo, como un modo de actitud o situación psíquica en la que la ausencia total de preferencia parece haber acabado, no sólo con la voluntad de elección, sino con la voluntad misma

lunes, 23 de diciembre de 2013

EL DESCONOCIDO CUARTO REY MAGO


Lic. Ileana de la C. López Terrero
 
…en esperanza fuimos salvos;
pero la esperanza que se ve, no
es esperanza; porque lo que alguno
ve, a qué esperarlo?
Romanos 8.24
En su caballo más veloz salió a encontrarse con los otros tres reyes magos. Iban hacia Jerusalén guiados por el resplandor de la estrella del Oriente en busca del nuevo rey, Jesús, para abordarle. Pero Artabán, rey de los partos, tropezó en la larga noche del desierto con un hombre que yacía sobre la soledad de las arenas. El hombre sangraba profundamente. Había sido golpeado, robado y dado por muerto por los bandidos. Le dio de beber, limpió como pudo, las heridas y lo montó en su caballo hasta encontrar donde  le dieron hospitalidad. Se quedó con el hombre todo aquel día cuidándole. Mandó a buscar un médico, él sabía que en aquellas manos lo podía dejar.
Ya estaba atrasado. Pagó al médico y a los que lo cuidaban con la Gran Perla, para asegurarse que  el hombre sería bien atendido. Todavía – pensó – tengo el Maravilloso Rubí y el Gran Zafiro para ofrecerle al Mesías.
El viento removía las dunas, más Artabán llegó al punto acordado para reunirse con los otros tres. Ellos ya habían partido…Y he aquí la estrella que había visto en el oriente iba delante de él. Entonces, Artabán decidió tratar de alcanzarlos.
Entró en Jerusalén. Supo de Melchor, Gaspar y Baltasar. Supo de su conversación con el rey Herodes. Supo de la profecía. Y él también salió rumbo a Belén de Judea, la ciudad de David. No los encontró. Pues avisados por revelación en sueños, regresaron a su tierra por otro camino. Tampoco encontró a José, ni a María y él niño, se había ido huyendo a Egipto porque Herodes buscaba al niño para matarlo. Pero Artabán fue el testigo del enojo despiadado de este rey con los pequeños  que se quedaron en Belén y en todos sus alrededores.  Una madre  quedó petrificada con el crujir de los pasos sobre la hierba. La cuadrilla de soldados tocó a su puerta…El rey Artabán sacó el Maravilloso Rubí y se enfrentó al capitán de la guardia: “’Este rubí, es para un capitán muy sabio, que sabe que aquí no hay ningún niño recién nacido”” dijo Artabán, El Capitán tomó el rubí, llamó a sus soldados y dejó a la familia en paz.
El no miró atrás, continuó su búsqueda por el desierto mientras la piel manchada por el sol iba permitiendo el paso del frío hasta los huesos. Fueron treinta y tres años y Artabán busca ahora  a Jesús en los hospitales y en las cárceles. Los lugares donde le han dicho que Jesús seguro se encuentra haciendo el bien, curando a los enfermos y salvando a los pecadores. En su peregrinar, el rey de noble corazón termina dedicando su vida a ayudar al prójimo socorriendo a lo enfermos, dando de comer al hambriento, dando en fin, de sí mismo todo lo que tenía con la esperanza de un día conocer a Jesús.
Así prohibiéndose el odio, entre espejismos y herejías de reyes y pastores, la noticia tiene un comienzo: el arresto y luego la crucifixión de Jesús. Aún  le queda una joya guardada tibiamente entre las hendiduras de la carne. El Gran Zafiro. Con él se podía comprar la libertad de un hombre. Inmediatamente se dirige a Jerusalén.  Lega a las puertas de la ciudad y alguien llora con quejidos tenues de desamparo. Es apenas una niña que está siendo arrastrada por unos soldados para venderla como esclava, en pago a las deudas de su padre que ha muerto dejando muchos acreedores sin satisfacer. El rey Artaban mira aquella escena y algo agoniza en su garganta y toma lo último que le quedaba: el Gran Zafiro, y lo entrega a las autoridades a cambio de la libertad de la niña.
Se lamenta, pues nada tiene ya que ofrecer a su dios, como se había propuesto al principio de su jornada, ya no puede siquiera regresar a su tierra pues se burlarían de él. No. Solo no había encontrado al Mesías, sino que estaba arruinado. Basta un instante de miedo. Basta un instante en que el sol, sea algo menos que un rayo luminoso y la tormenta se desate. La tierra empieza a temblar. Y tiembla tanto que muros y casas comienzan a caer. El viento describe círculos sonoros que arrastran piedras y maderos y golpean al desgraciado rey Artaban, en la cabeza. Se está muriendo. Acuden a su lado algunos que estaban por allí. Uno de los hombres lo carga y lo lleva a un lugar apartado, tranquilo Un lugar de delicado pasto, propicio para descansar, junto a aguas de reposo. Artaban solloza. Se muere en vano. Ha buscado a Jesús toda su vida y no lo pude ayudar aun en su hora más importante. Ha desperdiciado su vida y su fortuna sin alcanzar su meta. El hombre que lo escucha, conforta su alma: “No ha sido en vano lo que has hecho. Te equivocas. Diste de comer al hambriento, vestiste al desnudo y le diste agua al sediento.  En verdad te digo que todo lo que has hecho por ellos, mis pequeños, lo has hecho por mí.””
La cabeza de Artabán está ungida en aceites. Su copa rebosa.
Diciembre 2014
 

domingo, 22 de diciembre de 2013

Los sentimientos

Los sentimientos psicológica y moralmente positivos de amor, bondad, humildad, respeto, justicia, pureza, poseen una tendencia vivificante, cálida, purificadora. Son potencias anímicas que de uno u otro modo irradian, aun antes de que se tome cualquier decisión. Son una íntima afirmación de su objeto, con una "desinteresada" corroboración de su valor. Los sentimientos negativos tienden a ejercer una acción corrosiva, negativa, repulsiva, destructora, como si quisieran borrar la existencia del objeto odiado, despreciado o envidiado. Puede ocurrir que el objeto de tales sentimientos no experimente absolutamente nada de estos efectos, o que los supere; pero el sujeto de ellos sí sentirá los efectos inmediatos e inesquivables de esa tendencia ora vigorizadora y vivificante, ora, por el contrario, negativa y corrosiva.
En todo caso, los sentimientos alcanzan de un modo más intenso y seguro a su sujeto que a su objeto. Ellos forman el corazón del hombre, del cual procede todo lo demás.

EL RESPETO

El respeto es la base fundamental para una convivencia sana y pacífica entre los miembros de una sociedad. Para practicarlo es preciso tener una clara noción de los derechos fundamentales de cada persona, entre los que se destaca en primer lugar el derecho a la vida, además de otros tan importantes como el derecho a disfrutar de su libertad, disponer de sus pertenencias o proteger su intimidad, por sólo citar algunos entre los muchos derechos sin los cuales es imposible vivir con orgullo y dignidad. El respeto abarca todas las esferas de la vida, empezando por el que nos debemos a nosotros mismos y a todos nuestros semejantes, hasta el que le debemos al medio ambiente, a los seres vivos y a la naturaleza en general, sin olvidar el respeto a las leyes, a las normas sociales, a la memoria de los antepasados y a la patria en que nacimos.

Para ser respetuosos...

- Tratemos a los demás con la misma consideración con que nos gustaría ser tratados.
- Valoremos y protejamos todo aquello que nos produzca admiración.

sábado, 21 de diciembre de 2013

LA SENSIBILIDAD

La realidad es que las personas prefieren aparentar ser duras o insensibles, para no comprometerse e involucrarse en cosas que califican como fuera de su competencia. Todas las penas y padecimientos de los demás resultan incómodos y molestos, pensando que cada quien tiene ya suficiente con sus propios problemas como para preocuparse de los ajenos. La indiferencia es el peor enemigo de la sensibilidad.

Lo peor de todo es mostrar esa misma indiferencia en familia, algunos padres nunca se enteran de los conocimientos que reciben sus hijos; de los ambientes que frecuentan; las costumbres y hábitos que adquieren con los amigos; de los programas que ven en la televisión; del uso que hacen del dinero; de la información que reciben respecto a la familia, la moda, la religión, la política... todas ellas son realidades que afectan a los adultos por igual.

¿Es que todo está bien? No se puede esperar que las nuevas generaciones construyan ese futuro mejor que tanto se espera, si nos da lo mismo todo y no estamos ahí para dar criterio, para formar hábitos y hacer valer las buenas costumbres.

Puede parecer extraño, pero en cierta forma somos insensibles con nosotros mismos, pues generalmente no advertimos el rumbo que le estamos dando a nuestra vida: pensamos poco en cambiar nuestros hábitos para bien; casi nunca hacemos propósitos de mejora personal o profesional; fácilmente nos dejamos llevar por el ambiente de los amigos o del trabajo sin poner objeción alguna; trabajamos sin orden y desmedidamente; dedicamos mucho tiempo a la diversión personal. Dejarse llevar por lo más fácil y cómodo es la muestra más clara de insensibilidad hacia todo lo que afecta nuestra vida.

Reaccionar frente ante las críticas, la murmuración y el desprestigio de las personas, es una forma de salir de ese estado de pasividad e indiferencia para crear una mejor calidad de vida y de convivencia entre los seres humanos.

Muchas veces nos limitamos a conocer el nombre de las personas, incluso compañeros de trabajo o estudio, criticamos y enjuiciamos sin conocer lo que ocurre a su alrededor: el motivo de sus preocupaciones y el bajo rendimiento que en momentos tiene, si su familia pasa por una difícil etapa económica o alguien tiene graves problemas de salud. Todo sería más fácil si tuviéramos un interés verdadero por las personas y su bienestar.

En todas partes se habla de los problemas sociales, corrupción, inseguridad, vicios, etc. y es algo tan cotidiano que ya forma parte de nuestra vida, dejamos que sean otros quienes piensen, tomen decisiones y actúen para solucionarnos hasta que nos vemos afectados. La sensibilidad nos hace ser más previsores y participativos, pues no es correcto contemplar el mal creyendo que somos inmunes.

Podemos afirmar que la sensibilidad nos hace despertar hacia la realidad, descubriendo todo aquello que afecta en mayor o menor grado al desarrollo personal, familiar y social. Con sentido común y un criterio bien formado, podemos hacer frente a todo tipo de inconvenientes, con la seguridad de hacer el bien poniendo todas nuestras capacidades al servicio de los demás.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

EL AMOR


El amor es el sentimiento más importante de los seres humanos. El amor es comprender, servir, dar, compartir, querer, respetar y convivir. A través del amor podemos compartir cosas buenas y malas con lo que nos rodean. No sólo sentimos amor por nuestros padres, sino también por nosotros mismos, por nuestros semejantes y por el medio ambiente que nos rodea. 
En nuestra familia, gracias al amor, participamos de las alegrías y fracasos, del mismo modo como lo haríamos con un amigo... cuando nos sentimos apreciados, respetados y comprendidos, mejoramos la convivencia y fomentamos el espíritu. 
 
El amor es el sentimiento más importante de los seres humanos. El amor es comprender, servir, dar, compartir, querer, respetar y convivir. A través del amor podemos compartir cosas buenas y malas con lo que nos rodean. No sólo sentimos amor por nuestros padres, sino también por nosotros mismos, por nuestros semejantes y por el medio ambiente que nos rodea. 
En nuestra familia, gracias al amor, participamos de las alegrías y fracasos, del mismo modo como lo haríamos con un amigo... cuando nos sentimos apreciados, respetados y comprendidos, mejoramos la convivencia y fomentamos el espíritu. 
 
 
 
TOMADO DE VALORES MORALES
 
 

Valores humanos, ¿qué son?

Thomas Williams
http://masalto.com/masalto_db/imagenes_db/Oque/murio_pormi.jpgLos valores humanos son aquellos bienes universales que pertenecen a nuestra naturaleza como personas y que, en cierto sentido, nos humanizan, porque mejoran nuestra condición de personas y perfeccionan nuestra naturaleza humana.

La libertad nos capacita para ennoblecer nuestra existencia, pero también nos pone en peligro de empobrecerla. Las demás creaturas no acceden a esta disyuntiva. Un gato siempre se comportará como un felino y no será culpado o alabado por ello. Nosotros, en cambio, si prestamos oídos a nuestros instintos e inclinaciones más bajas, podemos actuar como bestias, y de este modo, deshumanizarnos. Boecio, el filósofo y cortesano del siglo V, escribió: El hombre sobresale del resto de la creación en la medida en que él mismo reconoce su propia naturaleza, y cuando lo olvida, se hunde más abajo que las bestias. Para otros seres vivientes, ignorar lo que son es natural; para el hombre es un defecto.

Si no descubrimos lo que somos, tampoco descubriremos qué valores nos convienen. Cuanto mejor percibamos nuestra naturaleza, tanto más fácilmente percibiremos los valores que le pertenecen.

Una jerarquía de valores

Entre los valores objetivos existe una jerarquía, una escala. No todos son iguales. Algunos son más importantes que otros porque son más trascendentes, porque nos elevan más como personas y corresponden a nuestras facultades superiores. Podemos clasificar los valores humanos en cuatro categorías: 1) valores religiosos, 2) valores morales, 3) valores humanos inframorales y 4) valores biológicos.

1. Los valores biológicos o sensitivos no son específicamente humanos, pues los compartimos con otros seres vivos. Entre ellos están la salud, el placer, la belleza física y las cualidades atléticas. Desafortunadamente, muchos ponen demasiado énfasis en este nivel. No es raro escuchar frases como ésta: Mientras tenga salud, todo lo demás no importa. Según esto, uno lo pasaría mejor siendo un saludable jefe de la mafia que un enfermizo hombre de bien. No eres más persona porque seas sano o bien parecido. Eso no aumenta tu valor.

2) Los valores humanos inframorales son específicamente humanos. Tienen que ver con el desarrollo de nuestra naturaleza, de nuestros talentos y cualidades. Pero todavía no son tan importantes como los valores morales. Entre éstos están los intereses intelectuales, musicales, artísticos, sociales y estéticos. Estos valores nos ennoblecen y desarrollan nuestro potencial humano.

3. Los valores morales o éticos son superiores a los ya mencionados. Esto se debe a que tienen que ver con el uso de nuestra libertad, ese don inapreciable y sublime que nos permite ser constructores de nuestro propio destino. Estos son los valores humanos por excelencia, pues determinan nuestro valor como personas. Incluyen, entre otros, la honestidad, la bondad, la justicia, la autenticidad, la solidaridad, la sinceridad y la misericordia. Cada valor apoya y sostiene a los demás; juntos forman esa sólida estructura que constituye la personalidad de un hombre maduro.

4. Hay todavía un cuarto nivel de valores, el más elevado, que corona y completa los valores del tercer nivel, y que nos permite incluso ir más allá de nuestra naturaleza. Son los valores religiosos. Éstos tienen que ver con nuestra relación personal con Dios.

El mundo de hoy pasa por alto un hecho muy sencillo: la persona humana es religiosa. Aunque seguramente será difícil encontrar esta afirmación en un texto de sociología, no ha habido en la historia una sola sociedad que no haya sido religiosa. Preguntar por la existencia de Dios es algo que está íntimamente unido al por qué de la existencia humana. Buscamos de forma natural la trascendencia, porque es lo que da sentido y significado a nuestra vida sobre la tierra. Si el hombre cultiva los valores religiosos con tanta tenacidad, es porque ellos corresponden a la verdad más profunda de su ser.

Ciertas cosas son buenas para nosotros porque nos ayudan a alcanzar nuestro fin u objetivo. Si acertamos a descubrir a dónde vamos como hombres, cuál es nuestro objetivo, podremos entonces saber qué es bueno para nosotros en ese sentido.

martes, 17 de diciembre de 2013

La audacia

¿Te acuerdas la emoción que sentías cuando eras pequeño, o incluso ahora, si en una
historia aparecía el héroe?
Esa persona, que absolutamente convencida de su misión, luchaba por la justicia, la
verdad y el bien, salía a combatir por una causa justa, vencer el mal, disfrazado en diferentes formas, ya fuera por amor a su dama, por amor a Dios, o a su patria. ¡Cómo vibraba tu corazón!
Era un ser humano que se estaba jugando cien por ciento por sus ideales, con fe y
confianza en que iba a ganar... Que su misión tenía un fin trascendente, que no importaba que corriera peligro su vida ya que ésta, estaba al servicio de un bien mayor...
¿Te acuerdas cuanto sufrías, cuando tenía nuestro héroe que soportar y resistir las más
difíciles pruebas? Al final estaba ya casi todo perdido, y su férrea voluntad con el
convencimiento absoluto de su fin, lo ayudaban a sobreponerse a todo, incluso a sí mismo y vencía... ¡En ese momento tu cuerpo entero saltaba de gozo y emoción y probablemente en la noche, soñabas que eras el héroe! Un héroe, que no lucha con su espada contra las nubes, o molinos de viento...
El héroe es un ser que encarna especialmente el valor como lo vamos a ver ahora. Un
héroe es audaz, no es osado, ni menos pusilánime, es alguien que entrega su ser entero a
una causa: el bien.
¡Cuántos héroes harían falta en nuestro planeta! Este siglo, se ha caracterizado por la
falta de audacia. Al revés, más bien vemos los dos polos: los osados o temerarios como los extremistas, o los pusilánimes, que están muy cómodos y satisfechos con su vida casi adentro de un frasco de formalina.
El héroe o la heroína quedaron enterrados en los viejos cuentos de hadas.
¡Hay que resucitar este maravilloso valor de la audacia!, para mover nuestro planeta
hacia el bien.

La valentía

Valentía es el aliento o vigor en la ejecución de un acción.
Por ejemplo: “Se necesita un hombre de valentía para una tarea semejante”, “No tuve la valentía suficiente para enfrentar a Lord Wilson”, “El bombero mostró su valentía al ingresar a la casa en llamas para rescatar a los niños”, “El abuelo se curó gracias a los médicos y a su valentía”.
La valentía está asociada al heroísmo, la gallardía y el valor. Cuando una persona es valiente, logra vencer sus temores o dudas y actúa con decisión y firmeza. La valentía se demuestra en los grandes actos (como en una guerra o una emergencia), pero también en las pequeñas acciones cotidianas (al decir una verdad dolorosa a un ser querido).
Es posible entender a la valentía como una acción esforzada que parece superar a las fuerzas naturales. El valiente saca fuerzas de donde la gente común no tiene y termina haciendo cosas extraordinarias.
Puede decirse que la valentía es un virtud del ser humano para llevar adelante una iniciativa a pesar de las dificultades y los impedimentos. Estas trabas generan miedos que son superados gracias a la valentía y el coraje.
Lo contrario a la valentía es la cobardía. El cobarde, por lo tanto, no tiene valor o ánimo para superar las dificultades:

viernes, 13 de diciembre de 2013

La gratitud

Muchas veces se estima que de todos los sentimientos humanos, el más efímero es la gratitud. Quizás haya algo de cierto en esta aseveración. Ya que el saber agradecer es un valor en el que pocas veces se piensa. Tradicionalmente nuestras abuelas nos lo decían "de gente bien nacida es ser agradecida".
Para algunas personas dar las gracias por aquellos servicios cotidianos es muy fácil: el desayuno, la ropa limpia, la oficina aseada... Sin embargo, no siempre es así.
La gratitud implica algo más que pronunciar unas palabras de manera automática, sino que responde a aquella actitud que nace del corazón, en aprecio a lo que alguien más ha hecho por nosotros.
Ahora bien, la gratitud no "devolver el favor": si alguien me sirve una taza de café no significa que después debo servir a la misma persona una taza y quedar iguales... El agradecimiento no es pagar una deuda, es reconocer la generosidad ajena.
Aquella persona agradecida busca tener otro tipo de atenciones con las personas, no piensa en pagar por cada beneficio recibido, sino en poder devolver la muestra de afecto o cuidado que tuvo.
Una muestra sincera de agradecimiento proviene de un niño cuando con una sonrisa, un abrazo o un beso le agradecen a sus padres aquellos obsequios o presentes ¿De qué otra manera podría agradecer y corresponder unos niños? Y con eso, a los padres les basta.

Defensa de la alegría

Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas
 
defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos
 
defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias
 
defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres
 
defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y de la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa
 
defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lastimas
del azar y también de la alegría
 
Mario Benedetti

jueves, 12 de diciembre de 2013

SELECCIÓN Y NOTAS REYNALDO GARCÍA BLANCO

LA BALADA DEL AMOR TARDÍO

     
Amor que llegas tarde,
      tráeme al menos la paz:
      Amor de atardecer, ¿por qué extraviado
      camino llegas a mi soledad?

      Amor que me has buscado sin buscarte,
      no sé qué vale más:
      la palabra que vas a decirme
      o la que yo no digo ya...

      Amor... ¿No sientes frío? Soy la luna:
      Tengo la muerte blanca y la verdad
      lejana... -No me des tus rosas frescas;
      soy grave para rosas. Dame el mar...

      Amor que llegas tarde, no me viste
      ayer cuando cantaba en el trigal...
      Amor de mi silencio y mi cansancio,
      hoy no me hagas llorar.
 
Dulce María Loynaz (La Habana, 10 de diciembre de 1902 - 27 de abril de 1997) Ajena  a grupos, revistas y cenáculos literarios, Dulce María Loynaz es, por sus carácterísticas, un caso único dentro de la literatura cubana del siglo XX. Aunque pertenece a la generación de poetas que comenzó a producir su obra en la década de los años veinte del pasado siglo, y generalmente es calificada como máxima exponente del intimismo posmodernista, estudiosos de las letras cubanas reconocen en la escritora una nota distinta del conjunto de figuras literarias más significativas de su época.
 

viernes, 6 de diciembre de 2013

PODER ES QUERER - Un poema sobre valores humanos

 Eduard Miró Saladrigas, Director del Colegio Miró (Barcelona).
 


Si pudiese regalar
medio pulmón al que no respira.
Si supiese nadar hasta el horizonte
y llevarle el aliento al que expira.
Si supiese escalar
todos los muros de cristal
y no decepcionar al que me mira.
Si corriera la maratón
para llevar un mendrugo  de pan
a aquel niño sin vida.
Quizás habría un mañana
para el agónico,
un presente para el faltado de oxígeno,
y un futuro para el hambriento.
Pero hoy, al finalizar la oración,
me he calzado las sandalias
y cargado las espaldas
de migajas de pan y sonrisas,
de botellas de agua y de aire
y me he decidido a caminar
hacia el sur, al ritmo del viento,
y me he convertido en mendigo…

sábado, 23 de noviembre de 2013

La constancia

La constancia significa algo mucho más profundo que una simple certificación y se trata de la virtud o valor que observan algunos seres humanos y que les permitirá actuar con firmeza y perseverancia en las decisiones, acciones o propósitos que se tengan. Es decir, casi siempre, cuando nos enfrentamos a elecciones y decisiones, también deberemos enfrentarnos a sus respectivas dificultades y es precisamente en este punto donde entrará en juego el mencionado valor de la constancia, para evitar que esas dificultades prosperen y se conviertan en un impedimento para la concreción de nuestros sueños o metas.
La fuerza de voluntad y el esfuerzo a largo plazo son las dos principales aliadas del valor de la constancia.
Muchas empresas, grandes o pequeñas, muchos proyectos de vida, muchos buenos propósitos e intenciones naufragan por falta de constancia y de perseverancia. Hay quizás un esfuerzo inicial, un fuego de artificio, pero luego todo se precipita sin resultado alguno porque no se supo poner un esfuerzo continuado. La constancia es un valor sin el cual seria imposible la obtención de resultados en cualquier campo de la vida.
La edificación de un proyecto vital no es cosa de un día. Quien quiere construir su vida con sólidos valores no puede poner un esfuerzo intermitente al vaivén de los estados anímicos o de las circunstancias. Es necesaria la voluntad y el empeño tenaz.
La constancia es necesaria para culminar cualquier proyecto humano. No es suficiente comenzar una obra, un proyecto o un propósito. Hay que concluirlo: obra comenzada, obra concluida. En la formación de la constancia es imprescindible contar con una voluntad fuerte, con el sacrificio personal, no sólo con grandes, pero aislados sacrificios, sino con pequeños actos de dominio continuados, puestos día tras día, hasta formar sólidos hábitos de conducta.

viernes, 22 de noviembre de 2013

Optimismo



Forjar un modo de ser entusiasta, dinámico, emprendedor y con los pies sobre la tierra, son algunas de las cualidades que distinguen a la persona optimista.

    El optimismo es el valor que nos ayuda a enfrentar las dificultades con buen ánimo y perseverancia , descubriendo lo positivo que tienen las personas y las circunstancias, confiando en nuestras capacidades y posibilidades junto con la ayuda que podemos recibir.

    La principal diferencia que existe entre una actitud optimista y su contraparte –el pesimismo- radica en el enfoque con que se aprecian las cosas: empeñarnos en descubrir inconvenientes y dificultades nos provoca apatía y desánimo. El optimismo supone hacer ese mismo esfuerzo para encontrar soluciones, ventajas y posibilidades; la diferencia es mínima, pero tan significativa que nos invita a cambiar de una vez por todas nuestra actitud.

    Alcanzar el éxito no siempre es la consecuencia lógica del optimismo, por mucho esfuerzo, empeño y sacrificio que pongamos, algunas veces las cosas no resultan como deseábamos. El optimismo es una actitud permanente de “recomenzar”, de volver al análisis y al estudio de las situaciones para comprender mejor la naturaleza de las fallas, errores y contratiempos, sólo así estaremos en condiciones de superarnos y de lograr nuestras metas. Si las cosas no fallaran o nunca nos equivocáramos, no haría falta ser optimistas.

    Normalmente la frustración se produce por un fracaso, lo cual supone un pesimismo posterior para actuar en situaciones similares. La realidad es que la mayoría de nuestro tropiezos se dan por falta de cuidado y reflexión. ¿Para qué sirve entonces la experiencia? Para aprender, rectificar y ser más previsores en lo futuro.

    El optimista sabe buscar ayuda como una alternativa para mejorar o alcanzar los objetivos que se ha propuesto, es una actitud sencilla y sensata que en nada demerita el esfuerzo personal o la iniciativa. Sería muy soberbio de nuestra parte, pensar que poseemos el conocimiento y los recursos necesarios para salir triunfantes en toda circunstancia.

    Cualquiera que ha sido campeón en alguna disciplina, llegó a colocarse en la cima por su esfuerzo, perseverancia y sacrificio, pero pocas veces, o mejor dicho nunca, se hace alusión a su optimismo, a esa entrega apasionada por alcanzar su fin, conservando la confianza en sí mismo y en las personas que colaboraron para su realización. El optimismo refuerza y alienta a la perseverancia

    El optimista no es ingenuo ni se deja llevar por ideas prometedoras, procura pensar y considerar detenidamente todas las posibilidades antes de tomar decisiones. Si una persona desea iniciar un negocio propio sin el capital suficiente, sin conocer a fondo el ramo o con una vaga idea de la administración requerida, por muy optimista que sea seguramente fracasará en su empeño, ya que carece de las herramientas y fundamentos esenciales para lograrlo.

    En otras circunstancias nos engañamos e inventamos una falsa realidad para hacernos la vida más fácil y cómoda. Basta mencionar al estudiante que se prepara poco y mal antes de sus evaluaciones, esperando obtener la calificación mínima y necesaria para “salir del paso”, sin darse cuenta que su falso optimismo lo llevará –tarde o temprano- al fracaso.

    Se podría pensar que el optimismo nada tiene que ver con el resto de las personas, sin embargo, este valor nos hace tener una mejor disposición hacia los demás: cuando conocemos a alguien esperamos una actitud positiva y abierta; en el trabajo, una personalidad emprendedora; en la escuela, profesores y alumnos dedicados. Si nuestras expectativas no se cumplen, lo mejor es pensar que las personas pueden cambiar, aprender y adaptarse con nuestra ayuda. El optimista reconoce el momento adecuado para dar aliento, para motivar, para servir.

    En la amistad y en la búsqueda de pareja también es necesario ser optimista. Algunas personas se encierran en sí mismos después de los fracasos y las desilusiones, como si ya no existiera alguien más en quien confiar. El optimismo supone reconocer que cada persona tiene algo bueno, con sus cualidades y aptitudes, pero también sus defectos, los cuales debemos aceptar y buscar la manera de ayudarles a superarlos.

    El paso hacia una actitud optimista requiere de una disposición más entusiasta y positiva, es tanto como darle la vuelta a una moneda y ver todo con una apariencia distinta:

    - Analiza las cosas a partir de los puntos buenos y positivos, seguramente con esto se solucionarán muchos de los inconvenientes. Curiosamente, no siempre funciona igual a la inversa.

    - Haz el esfuerzo por dar sugerencias y soluciones, en vez de hacer críticas o pronunciar quejas.

    - Procura descubrir las cualidades y capacidades de los demás, reconociendo el esfuerzo, el interés y la dedicación. Esto es lo más justo y honesto.

    - Aprende a ser sencillo y pide ayuda, generalmente otras personas encuentran la solución más rápido.

    - No hagas alarde de seguridad en ti mismo tomando decisiones a la ligera, considera todo antes de actuar pues las cosas no se solucionan por sí mismas. De lo contrario es imprudencia, no optimismo.

    No es más optimista el que menos ha fracasado, sino quien ha sabido encontrar en la adversidad un estímulo para superarse, fortaleciendo su voluntad y empeño; en los errores y equivocaciones una experiencia positiva de aprendizaje. Todo requiere esfuerzo y el optimismo es la alegre manifestación del mismo, de esta forma, las dificultades y contrariedades dejan de ser una carga, convirtiéndonos en personas productivas y emprendedoras.