martes, 28 de abril de 2015

Ado, el entrañable amigo



Por Nereyda Barceló Fundora

Conmovidos hasta los extremos por la irreparable pérdida de nuestro excelso  Ado Sanz Milá, que nos dejó para siempre un día después de haber cumplió 49 años.
La ciudad ha hecho un duelo espontáneo, al conocer y verificar la noticia ¡Nadie lo podía creer! ¿Ado, tan joven todavía, tan saludable, tan apto? ¡No puede ser!!
En la mayoría de los lugares pararon la música, y todos se quedaron como incrédulos, pero sintonizaron  la radio, Radio Reloj, CMKC, Radio Mambí, Radio Siboney, Radio Rebelde...para tener mas información y verificar la noticia. ¡Era cierta!
La conmoción fue general. Los pasajeros de los ómnibus lloraban, en las camionetas, en las motos, en las colas de los mercaditos en los hospitales,  todos demostraron su admiración y cariño por Ado.
 La reacción del pueblo santiaguero fue algo que verdaderamente hay que reconocer, como demostraron su sentir incluso, muchos fueron a su casa, donde estaban su esposa Magda y sus dos hijos, que se quedaron como de piedra ¡Tanto dolor es casi imposible de soportar!
¡Qué  grande fue Ado Sanz Milá!

Y quizás muchas personas al verlo cotidianamente con su modestia y sencillez, no se percataban de la tremenda carga de dones que le dio la vida y los valores que le aportaron sus padres Ciana y Ado, ejemplares como él.
Ado, considero yo, que es irrepetible e insustituible no  solo por su profesionalismo y natural talento, sino por sus valores humanos éticos y morales, por su filosofía de la vida.
Todo ello lo reflejó la destacada periodista Elvira Orozco Vital, en la entrevista que le hizo a Ado en ocasión del 85 aniversario de la fundación de la CMKC Radio Revolución.
Y el miércoles 15 de abril, la primera Revista Santiago sin Ado, pero con la locución magistral de Leticia, televisaron la entrevista y le incorporaron imágenes para también demostrar el tremendo talentoque tienen los realizadores  de Tele Rebelde, digo, Tele Turquino, porque Tele Rebelde nos pertenece por derecho propio.
Esos compañeros en la dolorosa tarea de homenajear a su compañero inolvidable se crecieron ante su dolor para dar lo mejor de sí a los televidentes santiagueros.
Frente al televisor, lloramos  ante una Leticia admirable al cumplir con decisión y coraje, el reconocimiento a su compañero de trabajo  de tantos años que nunca olvidará.
Casi con un trauma sicológico, tenemos que seguir en esta hermosa batalla por celebrar los 500 años de la fundación de la villa, sin Ado físicamente entre nosotros, pero con el eternamente en nuestros corazones.
¡Callen los clarines…y hagan un minuto de silencio, por nuestro Ado Sanz Milá!
¡Gracias Ado, por haberte conocido, gracias por haber existido y haberle aportado brillo al firmamento artístico y cultural de esta ciudad mágica y única como tú!

HONRADEZ

La tendencia hacia lo recto y lo transparente
siempre prevalece en el individuo con honradez y resulta aún más fuerte que cualquier necesidad.
Cuando un hombre que no tiene trabajo recibe una propuesta ilícita para acceder a dinero fácil (robando, estafando, etc.), sólo su honradez hace que resista la tentación y se niegue a aceptar. En cambio, si el sujeto careciera de esta virtud, es probable que termine eligiendo el camino equivocado y se convierta en delincuente.
Muchos autores y personas célebres de la historia han legado frases relacionadas con la honradez; veamos algunos ejemplos a continuación: “La honestidad es incompatible con amasar una fortuna“, Mahatma Gandhi; “Las valiosas presas convierten en ladrones a los hombres honrados“, William Shakespeare; “Es más difícil ser un hombre honrado ocho días que un héroe un cuarto de hora“, Jules Renard; “La honradez se detiene ante la puerta y llama; el soborno entra“, Burdett A. Rich;
 “En una palabra: para parecer un hombre honrado, lo que hace falta es serlo“, Nicolas Boileau.

Amistad

¿Qué es la amistad? ¿De qué se compone?
 ¿Cómo tener amistades que duren toda la vida?

A medida que vamos creciendo y desarrollándonos, encontramos de imprevisto amistades, muchas veces comienzan sin buscarlas: alguien “nos cae bien” y comenzamos a relacionarnos con esa persona. Convicciones, sentimientos, gustos, aficiones, opiniones, ideas políticas, creencias, religión son algunos de las cosas en común, que pueden hacer que nos hagamos amigos de alguien.
Es importante sentirnos a gusto con una persona, conversar y compartir sentimientos, es el principio de lo que llamamos amistad.
*Algo en Común
Es necesario tener algo en común para que la amistad sea verdadera y estable. Es decir, una misma profesión, una misma carrera, un pasatiempo en común, y la misma vida, nos va dando amigos. Dice el refrán “aficiones y caminos hacen amigos”.
En otro sentido, la amistad es un cariño que se profesa por el otro, un apreciarse que promueve un dar, un darse y para eso es necesario encontrarse y conversar. Con el tiempo la amistad se profundiza mediante el trato, el conocimiento y el afecto mutuo. A su vez, la amistad no puede desarrollarse sin constancia y estabilidad. Por eso, cuando dejamos de ver durante muchos años a nuestros amigos, nos enfrentamos a personas totalmente diferentes, o simplemente, nuestro diálogo no supera la superficialidad.
*Tratarse
Ser amigo de alguien es conocerlo bien, saber sobre su historia pasada, sus quehaceres actuales y de sus planes futuros; y del sentido que da a su vida, de sus convicciones; y de sus gustos y aficiones, y de sus defectos y virtudes. Es saber de su vida, de su forma de ser, de comprenderse; es… comprenderle. Comprender al amigo es ponerse en su lugar, “meterse en su piel” y hacerse cargo.
*Desinterés
No basta con caerse bien, para tener una amistad verdadera, hay que ayudarse desinteresadamente, sin esperar nada a cambio. Al amigo se lo quiere tal como es, porque él es él y porque yo soy yo. La amistad se orienta hacia el tú y consiste más en un servir que en un sentir.
La amistad no es un comercio de beneficios, la verdadera amistad es un servicio afectuoso y desinteresado. Además, no es amigo ni el compañero ni el camarada, tampoco el que busca aprovecharse del otro.
*Vale la pena
Ser amigo de verdad no es fácil, pero vale la pena el esfuerzo. Tener amigos de verdad nos llena de alegría, nos proporciona fortaleza: estar con ellos, charlar, ayudarle o ser ayudado y disfrutar y alegrase con ellos ¡poder contar con ellos! Aunque cueste, vale la pena el esfuerzo que requiere ser un amigo.
*Tenerse confianza
La amistad consiste en creer lo que nuestro amigo nos dice y también creer en él. Significa que tenemos una seguridad y confianza depositada en esa persona, la que responderá a nuestras expectativas y esperanzas que pusimos sobre ella. A su vez, la confianza mutua hace posible la autenticidad.
*Dar. Darse.
Si somos generosos nos facilita y ayuda a desarrollar ese dar necesario y esencial de toda relación de amistad. El dar y el darse es esencial en la amistad. El amigo de verdad es generoso y da. Da sus cualidades, su tiempo, sus posesiones, sus energías, sus saberes. Y lo hace para procurar ayudar eficazmente al amigo.
Así, debemos mirar generosamente, con respeto y con cariño. El egoísmo se opone radicalmente a la amistad.
Ahora bien, muchas veces perdonar se torna un acto de generosidad especialmente difícil. Frente a esto, debemos comprender y saber los motivos de una acción que nos ha hecho daño. Saber perdonar es propio de almas sabias y generosas.
*Ser leales
Un amigo leal, es una de las riquezas más valiosas. La lealtad implica ser una persona de palabra, que responda con fidelidad a los compromiso que la amistad lleva consigo. Leales son los amigos que son nobles y no critican, ni murmuran, que no traicionan una confidencia personal, que son veraces. Además, la lealtad se expresa en quien habla claro, de forma directa y sincera. Son verdaderos amigos quienes defienden los intereses y el buen nombre de sus amigos. A su vez, un amigo leal es aquel que nos advierte cuando cometemos una equivocación.
*Ser agradecidos
Dice un refrán que “El agradecimiento es el más efímero de los sentimientos humanos” y con mucha frecuencia parece tener razón. La gratitud es propia de los verdaderos amigos.
¿Cuántas veces nos hemos sentido mal con un amigo porque no ha sido agradecido del tiempo que le damos? Nosotros debemos agradecerle su tiempo, los buenos ratos que nos hace pasar, su ayuda cuando nos sentimos mal. A nosotros nos gustaría que una amistad nos dijera “gracias”, demos entonces nosotros el primer paso.
*Un enemigo mortal
El egoísmo es un enemigo mortal de cualquier amistad, que muchas veces se presenta en el Yo. El orgullo y el egoísmo no caben en la amistad. El orgulloso no mira más allá de su persona, de sus propias cualidades y de sus intereses. Una persona egoísta no puede ayudar a nadie.

RECOMENDACIONES PARA VALORAR LA AMISTAD

 

1
Trato a las personas en situaciones de relación social o de trabajo, pensando que alguna de ellas puede llegar a ser un amigo.
(La amistad supone seleccionar entre conocidos. Si conocemos a pocas personas, menos posibilidades habrá para seleccionar. Pero también tengo que ser consciente de la posibilidad de adquirir nuevos amigos en esas situaciones).
2
Sé que para poder encontrar amigos, debe haber una cierta similitud en nuestras condiciones, una cierta homogeneidad y unos intereses en común.
(Siempre es posible establecer una relación de amistad con una persona muy diferente, pero tiene que haber algún interés en común).
3
En las relaciones de amistad, me preocupo por el bien del otro, no sólo por el objeto de interés común.
(Si únicamente nos interesa la otra persona como compañero en alguna actividad de interés común, pero no nos interesa como persona, no sería correcto hablar de amistad. Seríamos nada más que compañeros de actividad).
4
Con las personas que he seleccionado, y que me han seleccionado a mi como amigos, aseguro un número de contactos periódicos. Busco el tiempo necesario para dedicarme a mis amigos.
(La amistad es recíproca. Yo no puedo nombrar a otro «amigo» si el otro no quiere aceptarme a mí como amigo. Por otra parte, la amistad supone tener contactos con cierta frecuencia: verse, llamarse, escribirse, pensar en el otro, rezar por él).
5
Entiendo que la calidad de la amistad aumentará de acuerdo con el grado en que llegue a haber mayor intercambio de cuestiones íntimas y exista una mayor preocupación por el bien del otro.
Sí no existe un cierto intercambio de cuestiones íntimas, la ayuda mutua en la relación no será posible. Tampoco se trata de abusar de la entrega de la intimidad, tratando temas que son más propios de otro tipo de relaciones).
6
Soy consciente de que debo cuidar los límites de la amistad con personas del otro sexo.
(La amistad natural lleva a las personas a compartir su intimidad. Como existe la posibilidad de una entrega íntima corporal entre hombres y mujeres, conviene tratar las relaciones de amistad con personas del otro sexo con prudencia).

lunes, 27 de abril de 2015

La altanería o arrogancia

Como pasa con otros sentimientos, el orgullo no es malo ni bueno en sí. Los seres humanos nos movemos dramáticamente entre la exaltación del yo y la afirmación del nosotros. Tanto para los griegos como para los cristianos, el orgullo excesivo (hybris) y la soberbia han sido las faltas o pecados capitales. Los ángeles diabólicos cayeron del Cielo por su soberbia, y Eva y Adán fueron expulsados del paraíso por querer convertirse en dioses.
Altanería, fanfarronería… son formas de vanidad y de soberbia, sobre todo cuando una o uno presumen de excelencias fingidas o de falsos méritos. Al que ostenta excesivamente bienes propios y exhibe una falsa apariencia de lujo y poderío, dándose una exagerada importancia, le hemos llamado con frecuencia fanfarrón o “bambolla”. Por el contrario, la capacidad para distanciarse del amor propio suele ser un requisito del buen humor.
El diccionario define  “vanidad” como arrogancia, esto es, como un exagerado deseo de ser admirado por méritos que pueden ser más fantásticos que reales.
A todos nos gusta que los demás nos alaben y nadie es inmune al halago y a los piropos. Los publicistas lo saben y cultivan la vanidad del espectador; los seductores lo saben, y acarician el oído de sus presas con piropos exagerados: “¡porque tú lo vales!” -repite un eslogan de productos cosméticos. La cosmética es un instrumento de la vanidad, para parecer más guapo o guapa, para simular una belleza que no se posee naturalmente. Los anunciantes halagan incesantemente nuestra vanidad para colocarnos productos que suelen ser caros, pero tan inútiles como venenosos.
Pero los excesos de modestia o de humildad pueden ser tan destructivos como los  del orgullo. Es indecoroso proclamar que uno está por encima de los demás en belleza o méritos propios, pero es pésimo considerar que uno no es digno de merecer el afecto de los demás ni de vivir y luchar por su felicidad. La falta de autoestima puede hacer que consintamos el maltrato de otros, no reconociendo nuestras aptitudes valiosas, o impidiéndonos que las desarrollemos. La falta de autoestima, de amor propio, puede hacer que caigamos en una tristeza patológica, morbosa o enfermiza, que los psicólogos y psiquiatras llaman depresión. El amor propio es tan necesario y legítimo, como perverso resulta si se convierte en egoísmo.
En las relaciones con los demás es tan negativo pecar de orgullo como de humildad. Si lo primero, podemos caer en la falta de respeto al otro, e incluso en la crueldad, disfrutando mientras le humillamos o le maltratamos, usándole como si fuera una cosa. Si pecamos de humildes, sin embargo, no sabemos decir “no” a cada, o nos prestamos a todo, por no quedarnos solos, es fácil que el otro acabe abusando de nosotros o despreciándonos.
Para estar contentos con nosotros mismos también debemos conseguir el reconocimiento de los demás, disfrutando de “buena fama”. La fama es un bien tan perseguido que “los famosos” pasan automáticamente a pertenecer al universo del “glamour”, sin que se sepa muy bien en qué consiste esa “gracia” o “carisma” del glamour, y aunque sólo presuman de famosos por sus sinvergonzonerías, por su exhibicionismo en las “revistas del corazón” (“prensa rosa”), o por haber saltado a la cama de otro ”famoso”. La fama no es más que la hermana prostituta de la gloria. Uno puede hacerse famoso incluso por haber causado un gran mal (Bin Laden), pero uno alcanza la gloria sólo si hace de verdad cosas buenas por la humanidad, si realiza hazañas o actos valiosos.
La buena o la mala fama han tenido en España una importancia tan grande que uno podía sacrificarse y morir, o asesinar y delinquir, por la honra y el honor. En sociedades clasistas o racistas, el honor o la honra son patrimonio de una minoría “benemérita”, de una etnia, o de una casta (nobleza de sangre). En una sociedad materialista como la nuestra, el honor o la honra pueden estar asociados a tener un buen coche, vivir en un barrio de “gente bien”, salir con “gente guapa”, ir a la moda, etc.
Pero la modernidad ha ampliado el sentimiento de orgullo o dignidad a toda la raza humana. Cualquier ser humano, por el hecho de serlo, es digno porque -al contrario que un animal, una planta, un hongo o una roca- puede abrigar sentimientos e ideales elevados, nobles o sublimes. Merecemos derechos porque somos capaces de pensar, de amar y de asumir obligaciones respecto de los demás, a los que también les reconocemos derechos, el principal: vivir y luchar honradamente por la felicidad. Los derechos cívicos -decía Kant- dependen de que ejerzamos un oficio reconocido socialmente, de que podamos causar con nuestro trabajo un beneficio social.
La honra y el honor dependen de los méritos propios, pero exigen el reconocimiento de la comunidad: el honor lo otorga la comunidad. Su símbolo es la medalla que el soldado recibe por su arrojo en la defensa de su patria, o el talón que se otorga a un sabio por el descubrimiento de un remedio contra el cáncer, o el objeto artístico que recibe un escritor por la calidad de su novela, o el diploma que concedemos al estudiante sobresaliente: “matrícula de honor”.
“Los honores son de la comunidad. Quien no hace bien ninguno a la comunidad no será honrado por ella, pues la comunidad da de suyo sólo lo que a su vez le beneficia”. Aristóteles   
Cuando alguien cree que merece un honor y no lo obtiene puede sentirse ofendido o humillado. También puede que el ejército arranque sus galones a un oficial por su comportamiento deshonroso, o la Guardia Civil expulse del cuerpo a un guardia corrupto, privándole así de la honra que compartía con sus compañeros y jefes.

domingo, 26 de abril de 2015

ALGO MAS SOBRE LA VOLUNTAD


Es  conveniente  reflexionar detenidamente en cuatro aspectos que nos ayudarán a conseguir una voluntad firme:

- Control de nuestros gustos personales: Levántate a la hora prevista y sin retrasos (por eso siempre tienes prisa, te pones de mal humor y llegas tarde); come menos golosinas o deja de estar probando cosas todo el día; piensa en una actividad concreta para el fin de semana, y así no estar en estado de reposo todo el tiempo; tus obligaciones y responsabilidades no son obstáculo para las relaciones sociales, organiza tu tiempo para poder cumplir con todo; haz lo que debes hacer sin detenerte a pensar si es de tu gusto y agrado.

- Perfección de nuestras labores cotidianas: Establece una agenda de trabajo por prioridades, esto te permite terminar a tiempo lo que empezaste; revisa todo lo que hagas y corrige los errores; guarda o acomoda las cosas cuando hayas terminado de usarlas; si te sobra tiempo dedícalo a avanzar otras tareas.

- Aprendizaje de cosas nuevas: Infórmate, estudia y pon en práctica las nuevas técnicas y medios que hay para desempeñar mejor tu trabajo; inscríbete a un curso de idiomas; aprende a hacer reparaciones domésticas; desarrolla con seriedad una afición: como aprender a tocar algún instrumento como la guitarra, aprender a pintar, hacer teatro, etc.

- Hacer algo por los demás: En casa siempre hay algo que hacer: disponer la mesa, limpiar y acomodar los objetos, ir a comprar víveres, cuidar a los hijos (o los hermanos, según sea el caso), recoger nuestras prendas, etc.; evita poner pretextos de cansancio, falta de tiempo u ocupaciones ficticias para evitar colaborar; haz lo necesario para llegar puntual a tus compromisos, así respetas el tiempo de los demás. En todos los lugares que frecuentas se presentan muchas oportunidades, ¡decídete!

Es necesario tener en cuenta, que una voluntad férrea se convierte a la vez en escudo y arma para protegernos de ciertas situaciones, miles de personas han caído en la dependencia y en la aniquilación de su dignidad. En este sentido, la voluntad es el motor de los demás valores, no sólo para adquirirlos sino para perfeccionarlos, ningún valor puede cultivarse por sí solo si no hacemos un esfuerzo, pues todo requiere pequeños y grandes sacrificios realizados con constancia.

Paciencia
Si nuestra época pudiera tener un nombre se llamaría “prisa”. ¿Cómo esperamos que nuestra vida tenga más cordura y sea más amable a los demás si todo lo queremos “ya”?
Nuestra vida se desenvuelve a un ritmo vertiginoso: demasiada prisa para hacer, para llegar, para resolver asuntos personales y del trabajo, fricciones que surgen cada día con las personas, citas urgentes. Si nuestra época pudiera tener un nombre se llamaría “prisa”. Por eso es necesario hacer un alto en el camino y reflexionar un poco sobre el valor de la paciencia, para no dejarnos abrumar y tampoco seguir esa carrera loca que va a toda marcha. ¿Cómo esperamos que nuestra vida tenga más cordura y sea más amable a los demás si todo lo queremos “ya”?

La paciencia es el valor que hace a las personas tolerar, comprender, padecer y soportar los contratiempos y las adversidades con fortaleza, sin lamentarse; moderando sus palabras y su conducta para actuar de manera acorde a cada situación.

Al encontrarnos con personas que a nuestro juicio siempre son molestas, inoportunas o “lentas”, podemos caer en el error de fingir una actitud paciente, es decir, dar la apariencia de escuchar sin alterarse ni expresar emoción, buscando escapar de la situación lo más rápido posible dando respuestas breves y un tanto cortantes, eso sí, procurando que no se den cuenta para no herir los sentimientos; a esto se le llama indiferencia, insensibilidad ante el estado de ánimo de los demás.

Uno de los grandes obstáculos que impiden el desarrollo de la paciencia, es, curiosamente, la impaciencia de esperar resultados a corto plazo, sin detenerse a considerar las posibilidades reales de éxito, el tiempo y esfuerzo requeridos para alcanzar el fin:

- El hacerse de demasiadas actividades produce ansiedad y prisa, quedando un amargo sabor de boca y mal humor por no terminar todo lo que hemos iniciado. En pocas palabras, debe haber moderación, ser conscientes de nuestros alcances para evitar contraer demasiados compromisos que posiblemente no podamos cumplir.

- Otro ejemplo clásico se da en el ámbito laboral con el personal de reciente contratación, su curriculum y proceso de selección muestran los conocimientos y capacidad necesarios para desempeñar el puesto, sin embargo, cada labor específica requiere de un proceso de adaptación a las políticas, modalidades, normas y estilos del centro de trabajo; no se puede descartar a una persona a las dos semanas de iniciar su desempeño por no lograr una rápida adaptación.

- El ahorrar puede ser un forma de medir nuestra paciencia, no importan las cantidades ni la frecuencia con que se acumulen , la constancia nos llevará a reunir la suma necesaria para adquirir el auto, el juguete o realizar ese viaje que tanto hemos soñado. Si quitamos la vista del objetivo, terminaremos por gastar lo poco que hemos reunido, y nuestra meta será cada vez más lejana e inalcanzable.

- Aunque en tono irónico se dice que son los hijos quienes nos proporcionan una fuente inagotable de paciencia, no deja de ser verdadero en cierta forma. La impaciencia que manifiestan los padres, en gran parte se debe al querer que los hijos razonen y actúen como adultos, “¿es qué no piensas?”, “te dije que lo hicieras así...”, son algunas de las más comunes frases empleadas por los padres en su desesperación. No debemos olvidar que la madurez se da con el tiempo, la experiencia y la formación que reciben los hijos. Claro está que hay chicos que son más traviesos, el reto es tener la habilidad para educarlos pacientemente y de la mejor manera posible.

Existen otros retos no menos importantes para el desarrollo de la paciencia, que se refieren específicamente al hecho de soportar y tolerar las contrariedades inesperadas; por ejemplo:

- Soportar las molestias del clima a través del arduo trayecto a la oficina y la escuela, con cientos de autos circulando a nuestro alrededor. - Ser tolerantes al realizar tareas con otros, ante su falta de destreza, conocimiento o pericia para realizar las cosas. Se da con el trabajador que no ha entendido como presentar un informe, con la empleada del hogar que no sabe como deseamos que limpie la casa, con los hijos que no entienden las matemáticas... La paciencia debe llevarnos a enseñar la manera de hacer las cosas, al ofuscarnos los resultados suelen ser totalmente contrarios a nuestros deseos.

- La predisposición que tenemos al acudir a aquel lugar donde “siempre me hacen perder el tiempo”. ¿Por qué disgustarnos innecesariamente?, lleva una revista o un libro para ocupar tu tiempo mientras haces fila en una ventanilla o en la sala de espera del consultorio.

- Mostrar “buena cara” cada que nuestro jefe o compañero de trabajo, nos pide que le hagamos el mismo favor de siempre. En vez de mostrar impaciencia y hacer las cosas de mala gana, lo más sano es contar con esa actividad como si fuera fija, dentro de nuestro tiempo y quehaceres, sólo así podremos realizarla gustosamente.

Nada ganamos con la desesperación, antes de reaccionar debemos darnos tiempo para escuchar, razonar y en su momento actuar o emitir nuestra opinión.

La paciencia siempre tendrá sus recompensas: mantener y mejorar las relaciones con la pareja y los hijos, los compañeros de trabajo (incluyendo jefes y subordinados); tener amistades duraderas; obtener los resultados deseados en aquella labor a la que hemos dedicado mucho tiempo y esfuerzo

Publicadas por Francisco Javier Acuña

LA VOLUNTAD

Los seres humanos poseen una capacidad que los mueve a realizar cosas de manera intencionada, por encima de las dificultades o contratiempos de las mismas.

Todas nuestras acciones se orientan por aquellas situaciones o cosas que aparecen como buenas ante nosotros, desde las actividades recreativas hasta el empeño por mejorar en nuestro trabajo, sacar adelante a la familia y ser cada vez más productivos y eficientes.

En relación a esta cuestión, podemos decir que nuestra voluntad opera principalmente en dos sentidos:

- De manera espontánea cuando nos sentimos motivados y convencidos a realizar algo, como salir a pasear con alguien, empezar con un pasatiempo, organizar una reunión, asistir al entrenamiento...

- De forma consciente, cada vez que debemos esforzarnos a realizar las cosas: terminar el informe a pesar del cansancio, estudiar la materia que no nos gusta o dificulta, recoger las cosas que están fuera de su lugar, levantarnos a pesar de la falta de sueño, etc.

Todo esto representa la forma más pura del ejercicio de la voluntad, porque llegamos a la decisión de actuar contando con los inconvenientes.

En lo cotidiano, algunas actividades que iniciamos con gusto, al poco tiempo se convierten en un reto o un desafío poco deseable. De esta manera, nos enfrentamos con una disyuntiva: abandonar o continuar con estas actividades.

Con relativa facilidad podemos dejarnos llevar por el gusto dejando de hacer cosas importantes; esto se aprecia fácilmente cuando vemos a un joven que dedica horas y horas a practicar un deporte, cultivar una afición o a salir con sus amigos, por supuesto, abandonando su estudio; en los muchos arreglos del hogar o en la oficina que tienen varios días o semanas esperando atención: el desperfecto en el contacto de luz; el pasto crecido; ordenar el archivero, los cajones del escritorio, o los objetos y papeles sobre el mismo...

Claramente, nuestra intención no es suficiente, como tampoco el saber lo que debemos hacer. La voluntad sólo se manifiesta "haciendo". No por nada se ha dicho que "obras son amores y no buenas razones".

La falta de voluntad, puede evidenciarse cuando retrasamos el inicio de una labor; cuando priorizamos aquellas actividades que son más fáciles en lugar de las importantes y urgentes, o siempre que esperamos a tener el ánimo suficiente para actuar. La falta de voluntad posee varios síntomas, ninguno de nosotros escapa al influjo de la pereza o la comodidad, dos enemigos que obstruyen nuestras acciones.

Al respecto, podríamos realizar una comparación entre nuestra voluntad y los músculos de nuestro cuerpo, estos últimos se hacen más débiles en la medida que dejan de moverse. Con nuestra voluntad sucede lo mismo, cada situación requiere un esfuerzo, una magnífica oportunidad para robustecerla, de otra manera, se adormece y se traduce en falta de carácter, irresponsabilidad, pereza, inconstancia...

En este sentido, vivimos rodeados de personas ejemplares: aquel padre de familia que cada día se levanta a la misma hora para acudir a su trabajo; la repetición de las labores domésticas de la madre; el empresario que llega antes y se va después que todos sus empleados; quienes dedican un poco más de tiempo a su trabajo y así no dejar pendientes; el deportista que practica horas extras... Cada uno de ellos no sólo asume su responsabilidad, sino que lucha diariamente por cumplir y perfeccionar su quehacer cotidiano, lo que distingue a estas personas es la continuidad y la perseverancia, es decir, su voluntad está capacitada para hacer grandes esfuerzos por períodos de tiempo más largos.

Por otra parte, esta decisión debe ser realista e inmediata, y en algunos casos programada, no sirve de nada postergarla: esperar hasta “el lunes”, “el próximo mes” o el "inicio de año", estos objetivos o buenos propósitos suelen retrasarse para cuando estemos dispuestos o se presenten circunstancias más favorables.

Por lo general, se presentan como ejemplos de este valor, modelos que personifican una fuerza de voluntad a toda prueba frente a condiciones severamente adversas (digamos en la televisión o el cine), sin embargo, la voluntad se fortalece en las pequeñas cosas de nuestra vida cotidiana, normalmente en todo aquello que nos cuesta trabajo, pero al mismo tiempo consideramos poco importante.

martes, 21 de abril de 2015

.LA GENEROSIDAD

Generosidad es: dar sin esperar nada a cambio; entregar la vida; volcarse a los demás; ayudar a los que nos necesitan; dar consuelo a los que sufren. Para nada resulta un valor pasado de moda, la generosidad es la puerta de la amistad, el cimiento del amor, la estrella de la sociedad.

Nosotros podemos ser generosos muy fácilmente. ¿Cómo?

Sonriendo a los demás siempre. Ofreciendo nuestra ayuda.  Poniéndonos en los zapatos del otro. 

Teniendo un pequeño detalle con nuestra familia: dejar que los demás elijan algo qué hacer… ir al cine, a una comida en el campo, o dejar que los demás escojan la película que se va a ver este fin de semana.

Ahora prestemos atención un momento, no hay que ser tacaños ni comodones con la generosidad. Hay mucha gente que podría consolarse con nuestra ayuda si hacemos un esfuerzo superior. ¿Cada cuánto tiempo vamos a visitar enfermos a un hospital? ¿Por qué no visitar a enfermos terminales? Sí, es duro, sí a veces es deprimente, y por supuesto que es más divertido salir a pasear que ir a un hospital público a ver gente que muy pronto se va a morir. 

¡Pues precisamente como nadie lo hace, es el momento de que alguien lo haga! Nadie nos va a dar un aplauso, o una medalla por hacerlo, pero vamos a volcarnos hacia los demás, el brillo no importa, lo que importa es que a pesar de nuestros defectos y miserias, podemos hacer una diferencia en la vida de alguien.

Ser generosos es parte de nuestra naturaleza y por eso no resulta una tarea dificultosa. Debemos entender que el Yo debe dejar un lugar a los demás, entregando lo que uno tiene. En silencio, sin reflectores, y es justamente ahí donde se encuentra la paz.
MANERA PERSONAL DE VIVIR LA GENEROCIDAD
1 Me esfuerzo por reconocer las necesidades reales de los demás.
(Se trata de hacer algo para otro cuando coincide con una necesidad real suya. Si no es asi, podemos terminar satisfaciendo caprichos o entregando lo que nos sobra).
2 Reconozco mis propios talentos (capacidades, cualidades, conocimientos) y los pongo al servicio de los demás.
(A veces tenemos capacidades o cualidades «escondidas» que nunca hemos aprovechado por no hacer un esfuerzo, por pereza, o por timidez, por ejemplo).
3 Reconozco lo que valen mis propias posesiones, mi tiempo, mi esfuerzo, etc.
(Hay muchas cosas que son nuestras y no las apreciamos debidamente. No les damos importancia porque nos hemos acostumbrado a ellas. Por ejemplo, nuestro hogar, o el dinero o nuestra fe. Otras personas carecen de ellas)
4 Realizo acciones buscando el auténtico bien de los demás con bastante frecuencia.
(A veces uno se siente generoso por haber hecho un esfuerzo especial en algún momento concreto. Sin embargo, la generosidad requiere que haya continuidad en las acciones, que se vayan repitiendo, que sean frecuentes).
5
Realizo las acciones siguientes con bastante frecuencia: prestar posesiones propias, regalar posesiones, estar disponible, escuchar a los demás, exigir a los demás razonablemente.
(Cada persona suele encontrar que le cuesta menos actuar a favor de los demás de unas maneras determinadas. En cambio le cuestan mucho más otros tipos de acción. Por ejemplo, a una persona no le cuesta dar dinero a una causa justa y, sin embargo, no está dispuesta a sacrificar el tiempo que dedica a alguna afición personal).
6
Permito a los demás realizar acciones en mi favor.
(Si somos autosuficientes o sencillamente impacientes es posible que no dejemos a los demás hacer cosas en nuestro favor y, con ello, les quitamos la posibilidad de ser generosos con nosotros).
7
Perdono.
(Es quizá la manera más difícil de ser generoso).
8
Hago esfuerzos para superar el cansancio, la enfermedad, la pereza con el fin de atender a los demás.
(Hay personas que están dispuestas a actuar en favor de los demás únicamente con tal de que hayan dormido bien, que se sientan descansadas y de buen humor. No viene mal pensar en qué momentos del día, o en qué circunstancias, uno tiende a ser más o menos generoso).

Fuente Consultada: La Educación de Virtudes Humanas y su Evaluación David Isaacs

miércoles, 15 de abril de 2015

LA PRUDENCIA

LA PRUDENCIALa prudencia es una virtud de la razón, no especulativa, sino práctica: la cual es un juicio, pero ordenado a una acción concreta.
La prudencia nos ayuda a reflexionar y a considerar los efectos que pueden producir nuestras palabras y acciones, teniendo como resultado un actuar correcto en cualquier circunstancia. La prudencia en su forma operativa es un puntal para actuar con mayor conciencia frente a las situaciones ordinarias de la vida.
La prudencia es la virtud que permite abrir la puerta para la realización de las otras virtudes y las encamina hacia el fin del ser humano, hacia su progreso interior.
La prudencia es tan discreta que pasa inadvertida ante nuestros ojos. Nos admiramos de las personas que habitualmente toman decisiones acertadas, dando la impresión de jamás equivocarse; sacan adelante y con éxito todo lo que se proponen; conservan la calma aún en las situaciones más difíciles, percibimos su comprensión hacia todas las personas y jamás ofenden o pierden la compostura. Así es la prudencia, decidida, activa, emprendedora y comprensiva.
El valor de la prudencia no se forja a través de una apariencia, sino por la manera en que nos conducimos ordinariamente. Posiblemente lo que más trabajo nos cuesta es reflexionar y conservar la calma en toda circunstancia, la gran mayoría de nuestros desaciertos en la toma de decisiones, en el trato con las personas o formar opinión, se deriva de la precipitación, la emoción, el mal humor, una percepción equivocada de la realidad o la falta de una completa y adecuada información.
La falta de prudencia siempre tendrá consecuencias a todos los niveles, personal y colectivo, según sea el caso. Es importante tomar en cuenta que todas nuestras acciones estén encaminadas a salvaguardar la integridad de los demás en primera instancia, como símbolo del respeto que debemos a todos los seres humanos.
El ser prudente no significa tener la certeza de no equivocarse, por el contrario, la persona prudente mucha veces ha errado, pero ha tenido la habilidad de reconocer sus fallos y limitaciones aprendiendo de ellos. Sabe rectificar, pedir perdón y solicitar consejo.
La prudencia nos hace tener un trato justo y lleno de generosidad hacia los demás, edifica una personalidad recia, segura, perseverante, capaz de comprometerse en todo y con todos, generando confianza y estabilidad en quienes nos rodean, seguros de tener a un guía que los conduce por un camino seguro.

Como alcanzarla:
·        El recuerdo de la experiencia pasada: Si una persona no sabe reflexionar sobre lo que le ha sucedido a él y a los demás, no podrá aprender a vivir. De esta manera la historia se transforma en maestra de la vida.
·        Inteligencia del estado presente de las cosas: El obrar prudente es el resultado de un “comprender” mirando la comprensión como la total responsabilidad, como el verdadero amor que libera de las pasiones para llegar al final de la vocación humana “el conocimiento”.
·        Discernimiento al confrontar un hecho con el otro, una determinación con la otra. Descubrir en cada opción las desventajas y las ventajas que ofrecen para poder llegar a realizar una buena elección.
·        Asumir con  humildad nuestras limitaciones, recurrir al consejo de todas aquellas personas que puedan aportarnos algo de luz.
·        Circunspección para confrontar las circunstancias. Esto sería que alguna acción mirada y tomada independientemente puede llegar a ser muy buena y conveniente, pero viéndola desde dentro de un plan de vida, de un proyecto de progreso personal, se vuelve mala o inoportuna
La experiencia es, sin lugar a dudas, un factor importante para actuar y tomar las mejores decisiones. Aprender o no es nuestra opción.

lunes, 13 de abril de 2015

Responsabilidad

La responsabilidad (o la irreponsabilidad) es fácil de detectar en la vida diaria, especialmente en su faceta negativa: la vemos en el plomero que no hizo correctamente su trabajo, en el carpintero que no llegó a pintar las puertas en el día que se había comprometido, en el joven que tiene bajas calificaciones, en el arquitecto que no ha cumplido con el plan de construcción para un nuevo proyecto, y en casos más graves en un funcionario público que no ha hecho lo que prometió o que utiliza los recursos públicos para sus propios intereses.
Sin embargo plantearse qué es la responsabilidad no es algo tan sencillo. Un elemento indispensable dentro de la responsabilidad es el cumplir un deber. La responsabilidad es una obligación, ya sea moral o incluso legal de cumplir con lo que se ha comprometido.
La responsabilidad tiene un efecto directo en otro concepto fundamental: la confianza. Confiamos en aquellas personas que son responsables. Ponemos nuestra fe y lealtad en aquellos que de manera estable cumplen lo que han prometido.
La responsabilidad es un signo de madurez, pues el cumplir una obligación de cualquier tipo no es generalmente algo agradable, pues implica esfuerzo. En el caso del plomero, tiene que tomarse la molestia de hacer bien su trabajo. El carpintero tiene que dejar de hacer aquella ocupación o gusto para ir a la casa de alguien a terminar un encargo laboral. La responsabilidad puede parecer una carga, y el no cumplir con lo prometido origina consecuencias.
¿Por qué es un valor la responsabilidad? Porque gracias a ella, podemos convivir pacíficamente en sociedad, ya sea en el plano familiar, amistoso, profesional o personal.
Cuando alguien cae en la irresponsabilidad, fácilmente podemos dejar de confiar en la persona. En el plano personal, aquel marido que durante una convención decide pasarse un rato con una mujer que recién conoció y la esposa se entera, la confianza quedará deshecha, porque el esposo no tuvo la capacidad de cumplir su promesa de fidelidad. Y es que es fácil caer en la tentación del capricho y del bienestar inmediato. El esposo puede preferir el gozo inmediato de una conquista, y olvidarse de que a largo plazo, su matrimonio es más importante.
El origen de la irresponsabilidad se da en la falta de prioridades correctamente ordenadas. Por ejemplo, el carpintero no fue a pintar la puerta porque llegó su "compadre" y decidieron tomarse unas cervezas en lugar de ir a cumplir el compromiso de pintar una puerta. El carpintero tiene mal ordenadas sus prioridades, pues tomarse una cerveza es algo sin importancia que bien puede esperar, pero este hombre (y tal vez su familia), depende de su trabajo.
La responsabilidad debe ser algo estable. Todos podemos tolerar la irresponsabilidad de alguien ocasionalmente. Todos podemos caer fácilmente alguna vez en la irresponsabilidad. Empero, no todos toleraremos la irresponsabilidad de alguien durante mucho tiempo. La confianza en una persona en cualquier tipo de relación (laboral, familiar o amistosa) es fundamental, pues es una correspondencia de deberes. Es decir, yo cumplo porque la otra persona cumple.
El costo de la irresponsabilidad es muy alto. Para el carpintero significa perder el trabajo, para el marido que quiso pasarse un buen rato puede ser la separación definitiva de su esposa, para el gobernante que usó mal los recursos públicos puede ser la cárcel.
La responsabilidad es un valor, porque gracias a ella podemos convivir en sociedad de una manera pacífica y equitativa. La responsabilidad en su nivel más elemental es cumplir con lo que se ha comprometido, o la ley hará que se cumpla. Pero hay una responsabilidad mucho más sutil (y difícil de vivir), que es la del plano moral.
Si le prestamos a un amigo un libro y no lo devuelve, o si una persona nos deja plantada esperándole, entonces perdemos la fe y la confianza en ella. La pérdida de la confianza termina con las relaciones de cualquier tipo: el chico que a pesar de sus múltiples promesas sigue obteniendo malas notas en la escuela, el marido que ha prometido no volver a emborracharse, el novio que sigue coqueteando con otras chicas o el amigo que suele dejarnos plantados. Todas esta conductas terminarán, tarde o temprano y dependiendo de nuestra propia tolerancia hacia la irresponsabilidad, con la relación.
Ser responsable es asumir las consecuencias de nuestra acciones y decisiones. Ser responsable también es tratar de que todos nuestros actos sean realizados de acuerdo con una noción de justicia y de cumplimiento del deber en todos los sentidos.
Los valores son los cimientos de nuestra convivencia social y personal. La responsabilidad es un valor, porque de ella depende la estabilidad de nuestras relaciones. La responsabilidad vale, porque es difícil de alcanzar.
¿Qué podemos hacer para mejorar nuestra responsabilidad?
El primer paso es percatarnos de que todo cuanto hagamos, todo compromiso, tiene una consecuencia que depende de nosotros mismos. Nosotros somos quienes decidimos.
El segundo paso es lograr de manera estable, habitual, que nuestros actos correspondan a nuestras promesas. Si prometemos "hacer lo correcto" y no lo hacemos, entonces no hay responsabilidad.
El tercer paso es educar a quienes están a nuestro alrededor para que sean responsables. La actitud más sencilla es dejar pasar las cosas: olvidarse del carpintero y conseguir otro, hacer yo mismo el trabajo de plomería, despedir al empleado, romper la relación afectiva. Pero este camino fácil tiene su propio nivel de responsabilidad, porque entonces nosotros mismos estamos siendo irresponsables al tomar el camino más ligero. ¿Qué bien le hemos hecho al carpintero al despedirlo? ¿Realmente romper con la relación era la mejor solución? Incluso podría parecer que es "lo justo" y que estamos haciendo "lo correcto". Sin embargo, hacer eso es caer en la irresponsabilidad de no cumplir nuestro deber y ser iguales al carpintero, al gobernante que hizo mal las cosas o al marido infiel. ¿Y cual es ese deber? La responsabilidad de corregir.
El camino más difícil, pero que a la larga es el mejor, es el educar al irresponsable. ¿No vino el carpintero? Entonces, a ir por él y hacer lo que sea necesario para asegurarnos de que cumplirá el trabajo. ¿Y el plomero? Hacer que repare sin costo el desperfecto que no arregló desde la primera vez. ¿Y con la pareja infiel? Hacerle ver la importancia de lo que ha hecho, y todo lo que depende de la relación. ¿Y con el gobernante que no hizo lo que debía? Utilizar los medios de protesta que confiera la ley para que esa persona responda por sus actos.
Vivir la responsabilidad no es algo cómodo, como tampoco lo es el corregir a un irresponsable. Sin embargo, nuestro deber es asegurarnos de que todos podemos convivir armónicamente y hacer lo que esté a nuestro alcance para lograrlo.
¿Qué no es fácil? Si todos hiciéramos un pequeño esfuerzo en vivir y corregir la responsabilidad, nuestra sociedad, nuestros paíse

domingo, 12 de abril de 2015

DIGNIDAD

Hace referencia al valor inherente al ser humano en cuanto ser racional, dotado de libertad y poder creador, pues las personas pueden modelar y mejorar sus vidas mediante la toma de decisiones y el ejercicio de su libertad.  Valóricamente se tiende a afirmar que el ser humano posee dignidad por sí mismo, no viene dada por factores o individuos externos, se tiene desde el mismo instante de su fecundacion o concepción y es inalienable.
La dignidad se explica en buena medida por la «autonomía» propia del ser humano, como vieron ya Platón, Pico della Mirandola y Kant, pues sólo el que sabe y puede gobernarse a sí mismo, según un principio racional, resulta "señor de sus acciones" y en consecuencia, al menos parcialmente, un sujeto libre; al regular su comportamiento según normas propias, según el significado etimológico de la voz griega 'auto-nomía', ya no es un mero súbdito, ya no está bajo el dictado de otro, sino que es un ciudadano.
  Entendemos que esa autonomía o dignidad es solo un «potencial de emancipación» respecto a las necesidades e imposiciones naturales o sociales y en la historia universal del género humano.


SINCERIDAD

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La sinceridad no es algo que debemos esperar de los demás, es un valor que debemos vivir para tener amigos, para ser dignos de confianza…
Para ser sinceros debemos procurar decir siempre la verdad, esto parece muy sencillo, pero muchas veces cuesta más de lo que se cree. Se utilizan las ‘’mentiras piadosas’’ para ocultar cualquier cosa que para nosotros es una tontería, pero que en realidad a la persona que mientes haces daño, y esta pequeña mentira que en un principio nos es nada se va haciendo más y más grande hasta que la verdad se acaba sabiendo y sorprendiendo a quien mientes.

La sinceridad no sólo se ve en las palabras, sino que también se demuestra por medio de nuestras actitudes.
Cuando se aparenta lo que no somos (en la edad, trabajo, amistad…) se tiende a aparentar lo que no se es (más joven, inteligente, educados…) Si se descubre la gran mentira que nos han hecho creer se nos viene a la memoria el refrán: ‘’Dime de que presumes… y te diré de que careces’’ y entonces se produce una gran desilusión ya que se pierden las esperanzas de lo que la persona no es en realidad.
También indicar que ‘’decir’’ siempre la verdad con palabras es una parte de la sinceridad, pero también hay que ‘’actuar’’ acorde con la verdad.

Para ser sincero se necesita tener mucho ‘’tacto’’ y esto significa que cuando debemos decirle a una persona la verdad de lo que pensamos y esta verdad la incomoda debemos utilizar las palabras, las expresiones correctas ya que el primer propósito es ‘’ayudar’’ a esa persona, y esto es necesario para que la persona escuché y vea que lo que se la dice va con buenas intenciones y sin ánimo de ofenderla.
La sinceridad también requiere valor ya que a la hora de decir la verdad a un amigo o a una amiga por ejemplo, el no decir la verdad no se puede justificar con no decirlo con el perder una buena amistad o por el concepto que se tiene de la persona.

La persona sincera siempre dice la verdad, en todo momento, aunque le cueste, sin temor al qué dirán. Ya que vernos sorprendidos mientras mentimos es más vergonzoso aún.
Al ser sinceros aseguramos nuestras amistades, somos más honestos con los demás y a la vez con nosotros mismos, convirtiéndonos en personas dignas de confianza por la autenticidad que hay en nuestra forma de comportarnos y nuestras palabras.
A medida que nos vamos haciendo más mayores, la sinceridad debe ir en aumento y debe convertirse en un elemento básico para vivir nuestra vida con auténtica plenitud y sinceridad.