jueves, 8 de septiembre de 2016

LA SINCERIDAD

A veces, atravesamos malas experiencias… ¿Alguna vez has sentido la
desilusión de descubrir la verdad?, ¿esa verdad que descubre un engaño
o una mentira?. El sentirnos defraudados provoca incomodidad, esta
experiencia nos lleva a procurar que nunca nos suceda lo mismo, y a
veces, nos impide volver a confiar en las personas, aún sin ser las
causantes de nuestra desilusión.

Sin embargo, como los demás valores, la sinceridad, no es algo que
debemos esperar de los demás, es un valor que debemos vivir para tener
amigos, para ser dignos de confianza….

La sinceridad es un valor que caracteriza a las personas por su
actitud congruente, que mantienen en todo momento, basada en la
veracidad de sus palabras y acciones.

Si queremos ser sinceros necesitamos decir siempre la verdad… esto que
parece tan sencillo, resulta una tarea muy dificultosa para algunas
personas. ¿cuántas veces utilizamos esas mentiras piadosas en
circunstancias que consideramos poco importantes?: como el decir que
estamos avanzados en el trabajo, cuando aún no hemos comenzado, por la
suposición de que es fácil y en cualquier momento podemos estar al
corriente. Obviamente, una pequeña mentira, llevará a otra más grande
y así sucesivamente… hasta que nos sorprenden.

Incluso, podemos inventar defectos o hacerlos más grandes en una
persona, o cuando ocultamos el enojo o la envidia que tenemos. Cuando,
con aires de ser “franco” o “sincero”, decimos con facilidad los
errores que comenten los demás, mostrando lo ineptos o limitados que
son.

No obstante, la palabra no constituye el límite único y visible de
este valor, también se evidencia en nuestras actitudes. Como, por
ejemplo, cuando aparentamos ser una persona que no somos, (normalmente
es según el propósito que se persiga: trabajo, amistad, negocios,
círculo social…), existe una tendencia a mostrar una personalidad
ficticia: inteligentes, simpáticos, educados, de buenas costumbres… En
este momento viene a nuestra mente el viejo refrán que dice: “dime de
que presumes… y te diré de que careces”; gran desilusión causa el
descubrir a la persona como era en la realidad, alguna vez hemos dicho
o escuchado: “no era como yo pensaba”, “creí que era diferente”, “si
fuese sincero, otra cosa sería”…

Esto nos demuestra que no sólo debemos decir la verdad para ser
sinceros, sino también actuar conforme a la verdad. Ello resulta un
requisito indispensable para la sinceridad.

Si nos mostramos tal cual somos en la realidad, nos hace congruentes
entre lo que decimos, hacemos y pensamos. De esta manera, logramos el
conocimiento y la aceptación de nuestras cualidades, pero también de
nuestras limitaciones: los demás nos quieren y aceptan como somos.

Puede ocurrir que faltemos a la Sinceridad por descuido, utilizando
las típicas frases “creo que quiso decir esto…”, “me pareció que con
su actitud lo que realmente pensaba era que …” ; tal vez y con buena
intención, opinamos sobre una persona o un acontecimiento sin conocer
los hechos. Para ser sincero, debemos ser responsables en lo que
decimos, evitando dar rienda suelta a la imaginación o haciendo
suposiciones.

Para ser sincero también se requiere “tacto”, esto no significa
encubrir la verdad o ser vagos al decir las cosas. Cuando debemos
decirle a una persona algo que particularmente puede incomodarla,
debemos ser conscientes que el propósito de nuestro comentario es
“ayudar”, no hacerlo por disgusto o porque “nos cae mal”; además
debemos buscar el momento y lugar adecuados para decírselo, esto
último garantiza que la persona nos escuchará y descubrirá nuestra
buena intención de ayudarle a mejorar.

De esta manera, la Sinceridad requiere valor, nunca se justificará el
dejar de decir las cosas para no perder una amistad o el buen concepto
que se tiene de nuestra persona. Si por ejemplo, es evidente que un
amigo trata mal a su esposa o a sus empleados, tenemos la obligación
de decírselo, señalando las faltas en las que incurre y el daño que
provoca, no solamente a las personas, sino a la buena convivencia que
debe haber.

Actuar de forma sincera implica decir la verdad siempre, en todo
momento, aunque le cueste, sin temor al qué dirán. Vernos sorprendidos
en la mentira es más vergonzoso.

Además, si somos sinceros aseguramos nuestras amistades, demostramos
ser honestos con los demás y con nosotros mismos, convirtiéndonos en
personas dignas de confianza por la veracidad que hay en nuestra
conducta y nuestras palabras. A medida que pasa el tiempo, esta norma
se debe convertir en una forma de vida, una manera de ser confiables
en todo lugar y circunstancia.

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