lunes, 8 de febrero de 2016

LA SUERTE:


 
La suerte es un encadenamiento de sucesos que es considerado como casual o fortuito. Quienes creen en la suerte, sostienen que las condiciones de vida pueden depender del destino o de la existencia y utilización de amuletos.
 
Por ejemplo: “Tuve tanta mala suerte que, cuando llegue a la playa, se largó a llover”, “Marcelo tiene mucha suerte: ayer encontró mucho dinero en la calle”, “Julieta lleva un trébol de cuatro hojas en su bolsillo para atraer la buena suerte”.
La superstición sostiene que ciertos objetos o conductas (como una herradura, un trébol de cuatro hojas, una pata de conejo, cruzar los dedos o tocar madera) traen buena suerte. Otras cosas, en cambio, generan mala suerte: un gato negro, romper un espejo, derramar sal o abrir un paraguas dentro de una casa. Y en ambos casos, la lista continúa.
Uno de los puntos débiles de la superstición se aprecia al observar que cobra formas diferentes en cada cultura. Por ejemplo, los japoneses no dan ningún significado negativo a abrir un paraguas dentro de una vivienda y, cuando lo hacen frente a una persona occidental, suelen sorprenderse ante su reacción.
Muchos artistas, famosos y no tan famosos, realizan ciertas acciones antes de subirse a un escenario para que sus presentaciones sean exitosas. Desde rezar hasta lanzar un objeto contra una pared, buscan la protección de alguna entidad, que les ofrende eso que su jerga no les permite mencionar: la suerte.
Para los racionalistas, la suerte no existe. Lo que se considera buena o mala suerte puede explicarse a partir de la aplicación de las leyes de la probabilidad. Si un balcón cae sobre una persona, esto no habla de su suerte; el deterioro que el edificio haya sufrido hasta el momento del accidente hace que la estructura se desprenda, independientemente de quién esté pasando por debajo.
La razón también se opone a las falacias lógicas de los amuletos. Por ejemplo, si alguien que cree tener una camisa que atrae la buena suerte, encuentra trabajo el primer día que la usa en una entrevista, bien puede basarse en esa anécdota para intentar confirmar la veracidad de su superstición; sin embargo, un racionalista siempre se inclinará por explicaciones que respondan a los principios de la estadística.
Dado que creer en la suerte no daña a nadie, todos deberían ser libres de explicar aquellas situaciones aparentemente fortuitas como puedan y deseen. Además, así como ninguna persona puede probar que un amuleto cambió su suerte, no existe científico capaz de demostrar lo contrario de forma incuestionable.
Existe una tendencia a creer que la suerte es producto de una serie de factores que podemos controlar, como ser el estado de ánimo y las decisiones que tomamos en torno a un cierto objetivo. Se dice que quien se mantiene positivo ante los desafíos y no deja de luchar hasta conseguir lo que busca, tiene más probabilidades de conseguirlo que aquel que duda y anuncia el fracaso aun antes de empezar; el primero atrae la buena suerte, mientras que el segundo, la mala.
La suerte también puede estar vinculada a las creencias espirituales. Para los creyentes, ciertos rituales o prácticas (como rezar) hacen que fuerzas sobrenaturales incidan en el mundo físico y favorezcan la suerte.
Otra acepción de la palabra suerte la define como un sinónimo de especie, género o tipo, y su uso no es muy normal en el habla cotidiana, sino que se suele encontrar en el lenguaje escrito. Por lo general, denota una cierta dificultad para hallar una comparación acertada; por ejemplo: la oración “Tomó unas cuantas flores y esbozó una suerte de centro de mesa” hace pensar que la calidad o el acabado del arreglo floral no convence al narrador, sea porque no es de su agrado o porque no goza de un aspecto muy definido
 

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